El festival de novela policíaca de Madrid Getafe Negro celebró su primera edición el año en el que quien les escribe se instaló en la ciudad… y si lo de los viajes en el tiempo fuera posible, me asomaría a esas ediciones pasadas con suma curiosidad porque me perdí mucho de ellas, algunas me las perdí enteras, de hecho; no así la número 16, la del pasado año, porque eso de que el país invitado fuera Estados Unidos con la rica tradición americana de novela negra a cuestas, resultó ser una tentación de esas a las que una no se resiste.
El pasado año fue pues una edición para deleitarse en lo conocido aunque, ciertamente, siempre se descubre algo nuevo en charlas literarias como las que dan cuerpo a este festival literario; este año en cambio es más una edición para el descubrimiento porque el país invitado es China y de novela negra china reconozco saber entre poco y nada.
De lo que voy descubriendo me he apuntado a Ah Yi, aunque solo sea porque Lorenzo Silva, toda una autoridad en lo que a la novela negra se refiere, ha afirmado que su novela Una pizca de maldad tiene hechuras de clásico, y también a He Jianjong aunque solo sea por la gracia con la que nos contó sus aventuras de vida en la encorsetada sociedad oriental, baste un apunte: aprobó el examen de acceso a la universidad cerca de los 30 años porque sino lo hacía no le permitían casarse con la que podríamos decir que es el amor de su vida pues llevan casados más de 40 años; estudió por amor (no me digan que no es magnífico…) y acabó siendo profesor de jurisprudencia hasta los 70 años, tiempo en el que además escribió cinco novelas traducidas a varios idiomas (la primera también al español) y a presidir la primera y única asociación de novela negra de China.

Pero estoy divagando… no quería yo hacer una crónica del festival entre otras cosas porque todavía le quedan muchos días por delante, sino acerca de algo de lo que se habló en alguna de las charlas… Del fomento de la lectura (no me digan que si empiezo así no dejan de leer al instante, yo lo haría…).
Del fomento de la lectura se dicen tantas cosas que ya parece que no se dijera ninguna pero José Miguel Pallarés dijo la esencial, la que todos deberíamos tener clara: si queremos hacer que los niños lean tenemos que entender que van a leer lo que ellos quieran, no lo que nosotros queramos que lean. Escúlpanme eso en piedra en un lugar bien visible, por favor… Y ahora desarrollemos la idea.
Los niños van a leer lo que quieran leer del mismo modo que los adultos leemos lo que se nos pone en las ganas ¿significa eso que hay que asumir que los clásicos han muerto porque a los niños no les interesa leerlos? O peor ¿significa eso que la literatura ha muerto porque en realidad los niños no quieren leer? No a todo, o sí si seguimos pensando que el fomento de la lectura pasa por obligar a los niños a leer lo que nosotros queremos que lean…

En primer lugar, antes de hablar del gastado fomento de la lectura, habría que explicar por qué hay que fomentar la lectura: si no se entiende que la lectura es importante más allá de lo que se lea, no se entiende nada: ¿cómo aprendemos? A través del lenguaje, una vez los niños aprenden a hablar y después a leer y a escribir la mayor parte de sus procesos de aprendizaje se realizan a través del lenguaje: escuchando al profesor o los padres, viendo una película, leyendo un libro… ¿cómo construye pues un niño su bagaje cultural, su conocimiento? A través del lenguaje; por eso hay que tomarse muy en serio lo que dice Gregorio Luri: el nivel de comprensión lectora de un niño a los 9 años nos permite saber cómo será su desarrollo educativo posterior; ¿y qué hacemos para mejorar ese nivel de comprensión lectora? Fomentar la lectura, sí, pero no solo: el nivel de comprensión lectora se mide en dos factores: texto y contexto, siendo el texto el vocabulario y estructuras gramaticales que conoce el niño y el contexto lo que sabe, lo que le es conocido; visto así resulta evidente que si bien la lectura es esencial para mejorar la comprensión lectora, no lo es menos hablar bien y con un vocabulario rico a los niños y disfrutar con ellos de actividades que amplíen su contexto (lo de ir al fútbol está bien… pero no si sólo se va a al fútbol), hay que mantener la curiosidad de los niños, su capacidad de asombro, bien despierta…
Volvamos al tema que nos ocupa, el fomento de la lectura: una vez sabemos que la importancia de la lectura no está exclusivamente en lo que se lee sino en el mero hecho de leer, podemos pensar en cómo fomentar la lectura (no la lectura de los clásicos, no la lectura de estos o aquellos escritores, no la lectura de poesía… ni cayendo en otro error de bulto, el de prohibir lecturas despreciando, por ejemplo, los cómics). Vuelvo a lo que decía el profesor Pallarés, los niños leerán lo que ellos quieran leer, ahora bien, ¿saben los niños qué quieren leer? No, es más, ni siquiera saben que quieren leer… por eso tantos proyectos de fomento de la lectura fracasan, porque no parte del punto exacto en el que están muchos niños, el del desinterés absoluto por los libros.
¿Y cómo descubrimos qué quieren leer los niños? ¿Cómo hacemos que descubran que quieren leer? Ya me gustaría a mi tener una respuesta fácil que, a modo de pócima mágica, solventara el asunto, no es así; lo que sí tengo claro es que los niños en cuyo universo infantil hay libros, aquellos que crecen en casas en las que hay libros, los que se han acostado siempre con la lectura de un cuento por parte de sus padres, aquellos que han ido a lugares como la Cuesta de Moyano a buscar tesoros… será más fácil que sean adolescentes que lean. Dicho de otro modo: el fomento de la lectura empieza siempre en casa y no hace falta ser un lector voraz para llevar a cabo ese fomento, solo tener claro que es importante que los niños lean.
Otra clave del asunto es el hábito; si los libros forman parte del universo de los niños, el siguiente paso es que irse a la cama con uno entre las manos sea un hábito como lo es cepillarse los dientes después de comer ¿que es imposible porque el niño cae rendido de sueño antes de plantar la cabeza en la almohada? Busca otro momento del día pero construye el hábito.
Y una vez tenemos ya un hábito de lectura asentado llega el momento de investigar y negociar… hablar con los niños, saber qué les interesa, qué no, qué cosas despiertan su curiosidad, qué cosas les aburren, qué tipo de historias les gustan más o menos… Entonces podrás proponer lecturas que encajen con los gustos e intereses de los niños (y para eso están también los libreros y bibliotecarios, para dar ideas porque ellos saben lo que están leyendo los niños de la edad del tuyo).
Luego está el tirar los dados a ver si hay suerte… En una ocasión le preguntaron a Reverte por eso del fomento de la lectura y contó que él dejaba en la habitación de sus hijos libros que quería que leyeran, allí, en la estantería, a la vista… algunos fueron leídos, otros no porque no imponía lecturas, solo sugería…
No es un trabajo fácil el del fomento de la lectura pero sí esencial porque la comprensión lectora (texto y contexto…) es lo que nos permite alcanzar un dominio del lenguaje y el lenguaje es la herramienta esencial de aprendizaje… un niño brillante en ciencias puede estamparse en física por no entender un enunciado de un problema, puede no aprender ni la mitad de lo que debería de historia porque le duele la cabeza al tener que leer tres páginas seguidas del esfuerzo que le supone comprender lo que lee… Si entendemos que lo que tenemos que conseguir es que los niños lean lo que quieran, es decir, que leer no sea un castigo ni un suplicio sino un placer, habremos entendido lo esencial.
Y lo esencial es que, con una buena comprensión lectora, los jóvenes tienen a su alcance el conocimiento, sin esa herramienta aprenderán poco o nada y mal aunque se vayan de Máster y vuelvan de Erasmus, por bilingüe que sea el colegio y por mucho deporte que practiquen…