La moderación.

Me dispongo a hablar de la moderación… aun a riesgo de que este blog se convierta en una suerte de confesionario porque, igual que un día confesé que yo también fui un equidistante exquisito, hoy confieso que yo también defendí la moderación como virtud; yo también proferí eso de que todas las ideas deben respetarse (que hace falta ser memo para considerar que todas las ideas son respetables…), que hay que escuchar a todos, bla, bla, bla… Claro que era joven, víctima del sistema educativo patrio y convencida de la superioridad moral de la izquierda y de lo rancio de la derecha y su santa madre iglesia; eso sí que era ver el mundo en blanco y negro (del revés).

Pero vayamos al lío ¿es la moderación una virtud? Respondo a la gallega: depende; y responder ‘depende’ supone, inevitablemente, responder NO. Tampoco es un vicio, por supuesto, muy pocas cosas en la vida se explican con un sí o un no y la moderación no es una de ellas. Ser moderado es como ser equidistante, dependerá de entre qué distes para que esa equidistancia sea virtud o vicio y maldad, hipocresía, cinismo y falsa superioridad moral. Curiosamente quienes se definen como moderados suelen ser o bien gentes que con tal de evitarse un lío aceptan como cierto y verdad cualquier cuento (los que se dejarían atrapar por la nada con tal de no hacer ruido, los que en el fondo no quieren ser nadie…) o quienes abrazan esa moderación como virtud absoluta colocándose por encima de quienes renuncian a la moderación para defender lo que consideran que es justo.

¿Es una virtud ser moderado cuando tienes delante a un talibán que obliga a las mujeres a vivir tapadas de pies a cabeza, las borra de la esfera pública, les impide viajar sin la compañía de un hombre de su familia y que su voz suene en público? ¿Se puede ser moderado frente a un terrorista con delitos de sangre cuando el asesinado era tu vecino, tu amigo, tu padre, tu policía o tu guardia civil… o cuando eras tú quien tenía que revisar los bajos de su coche cada día? ¿se puede ser moderado cuando vives en una región en la que se le niega a tu hijo el derecho a estudiar en su lengua materna cuando su lengua materna es una de las lenguas oficiales del país? ¿es ético, moral y virtuosamente moderado pedir a quienes tienen hijos que, sabiendo como se sabe ya el daño que hace el abuso de las pantallas en la infancia y lo que dificulta el aprendizaje el no desarrollo de un buen hábito de lectura, que acepten la digitalización de las escuelas y el cambio de los libros de texto por una tableta o chromebook sin protestar o haciéndolo… respetuosa y moderadamente, como si no les fuese en ello el futuro a sus hijos?

La moderación, en contra de lo que creen quienes la practican y pregonan, no es el bálsamo de Fierabrás ni tiene ninguna ventaja per sé sobre la ausencia de moderación porque la ausencia de moderación es, por ejemplo, la pasión ¿acaso vamos a criticar ahora a quien defiende aquello en lo que cree apasionadamente? Una cosa diferente es la violencia, por supuesto… pero cuidado con renegar de ella total, completa, absoluta y apasionadamente: ¿o acaso no haríais uso de la violencia para defenderos de quien os la está aplicando o de quien la está ejerciendo sobre vuestros hijos? ¿seríais ahí también moderados?.

Y vivir moderadamente, en cambio, tiene algo de virtud porque no se trata solo de no abusar de aquello que nos atrae (evitar el exceso de lo que nos gusta o nos resulta placentero nos aleja del daño que ese abuso haría e incluso de la adicción que podría provocar) sino de mantener cierta distancia emocional de las circunstancias en que vivimos para evitar desequilibrios emocionales innecesarios (no tomarnos la vida tan a pecho aguando un poco la cuestión personal que sin duda es, ayuda porque, al fin y al cabo, no somos tan importantes como para pensar que el mundo conjura contra nosotros).

He ahí otro alarde de superioridad de nuestro tiempo, junto a la superioridad moral del moderado está la del victimista que no tiene nada de moderado (de ahí su chapoteo en el charco del mal que lo aqueja sea el que sea) pero que trata de envolverse en el incuestionable respeto que merecen siempre las víctimas… claro que el victimista no es una víctima, es solo un trampantojo de víctima, los victimistas son como los de las islas del Hierro de Juego de Tronos, no cultivan, no aran, no crían ganado… solo cogen lo que es suyo ¿y por qué es suyo? Porque son piratas. Los victimistas son los piratas emocionales de las sociedades posmodernas.

Cuidaos de la moderación porque puede abrir, incluso cuando se ejerce con la mejor intención, las puertas del infierno; un ejemplo: confieso que soy de las que no demoniza las pantallas ni tan siquiera en la infancia, creo que el mundo es hoy tecnológico y es impensable que los niños sean ajenos a él, ahora bien, ¿significa eso que hay que digitalizar escuelas, renunciar a los libros de texto en favor de los digitales y asumir que es normal que los niños no lean porque su capacidad de atención hoy no es la que era y porque hoy tienen otros intereses? No. Una y mil veces no. No podemos asumir la pérdida de la atención y de la curiosidad en los niños ni tampoco su poco dominio de su lengua materna provocado por la falta de lectura porque los tiempos sean tecnológicos o porque alguien diga que educa ciudadanos digitales… No, una y mil veces no, educamos ciudadanos libres y si se demuestra, como se está demostrando, que la tecnología puede entorpecer el proceso de aprendizaje de los niños porque reduce su capacidad de atención y los aleja de la lectura y los libros y por tanto de una comprensión lectora óptima, es que hay que poner puertas a la tecnología en el ámbito educativo.

¿Y cuál es el mejor modo de cuidarse de la moderación? Dejar de considerarla una virtud… no es una virtud ni una ventaja, tampoco un vicio ni un defecto, es una característica que según cuándo, cómo y sobre qué se aplique puede tener connotaciones positivas o negativas. Y no es, nunca jamás, justificación ni razón de superioridad moral: la única superioridad moral válida es la del bien, la verdad y la belleza.

Deja un comentario