Viajar es algo más que moverse por el mundo, no se trata solo de pasar por el mundo sino de que el mundo pasa por uno y es, también, dejarse sorprender… ¿sabías que Agatha Christie vivió unos tres meses en las Islas Canarias? Primero en el Puerto de la Cruz, en la isla de Tenerife, y después en Las Palmas de Gran Canaria; pero lo más curioso no es que la prolífica escritora británica pasara un tiempo en las Canarias sino cuándo y por qué lo hizo… Y por supuesto, como la recuerdan ambas islas.
Fue a principios de 1927, su madre acababa de fallecer y tenía una hija de seis años; lo que tenía por delante en la vida era un divorcio que no deseaba (pero su marido ya le había explicado que se había enamorado de otra mujer y que quería divorciarse para casarse con ella…) y por detrás un episodio más misterioso que cualquiera de sus novelas. Tan misterioso que jamás quiso aclararlo, solo reconoció en algún momento que había pensado en suicidarse dejando claro que su estado anímico era terrible pero lo hizo para que el divorcio no se llevara por delante la custodia de su hija (y también para tratar de mejorar su imagen pública que estaba entonces un poco maltrecha).
¿Y en qué consistió el episodio en cuestión? Ocurrió en diciembre de 1926, a principios de mes; Agatha Christie llama a su marido al trabajo y le dicen que está de vacaciones, suponemos que deduce rápidamente que las vacaciones las está disfrutando con la mujer por la que va a dejarla; decide entonces preparar una maleta e irse ella también ¿a dónde? probablemente no lo sabía ni ella misma; lleva a su hija a casa de su suegra y se pierde…
¿Dónde está Agatha Christie? Se preguntaba todo Londres; ya era una escritora célebre y estaba bien relacionada, tanto era así que cientos de policías y miles de voluntarios la buscaban; además Arthur Conan Doyle, el escritor que creó al único detective que logró hacer sombra a Poirot y la señora Marple y que era también amigo de la escritora desaparecida, hizo alarde de su fe en lo paranormal y solicitó los servicios de una medium…
La encontraron 11 días después de una vertiginosa búsqueda, estaba en un balneario en el que se había registrado con un nombre falso; estaba, decimos, de cuerpo presente porque cuando llegó su marido con la policía lo confundió con su hermano y al enseñarle una fotografía de su hija no la reconoció… Eso, sumado al historial de trastornos mentales que había en su familia (suicidio incluido) dejó pocas dudas a las razones de su desaparición; se le sugirió que se sometiera a tratamiento psiquiátrico y lo hizo.
Claro que lo que la curó realmente, ¡estamos seguros!, no fue tanto la psiquiatría como la luz y el calor de las islas Canarias a las que llegó en barco a principios de 1927 llevando consigo a su hija y acompañada por su secretaria, poco después de su misteriosa desaparición; en el Puerto de la Cruz disfrutó de los paseos y del surf, era de hecho una de las pocas mujeres occidentales que se atrevía a practicarlo y además recuperó sus rutinas de escritura; es imposible visitar el Puerto de la Cruz y no pensar en la Christie porque, aunque cometas el error de olvidarla, ella se hará notar desde su busto en el mirador de la Paz y sobre todo desde las escaleras en las que cada peldaño es una de sus maravillosas novelas…
Mirarás a tu alrededor y pensarás que con esa luz, esa calidez y esas vistas ¿cómo no iba a recuperarse Agatha Christie? y cuando subas sus escaleras lo harás pensando ‘leído’, ‘pendiente’ y te asegurarás de hacer buenas fotografías para recordar luego que novelitas de la Christie vas a pedir a Amazon. Y bajarás las escaleras solo con el fin de volver a subirlas… (y sí, descubrirás una obra que no es suya sino de John Curran, claro que la obra en sí son los Cuadernos Secretos de Agatha Christie…), además no faltan las dos obras que pergeñó en el Puerto de la Cruz: El Misterioso Mr Quin y el Misterio del Tren Azul.
Estas escaleras se pintaron tal que así en 2019, aprovechando el festival literario en homenaje a Agatha Christie que se celebra cada dos años y no solo son bellas porque son evocadoras y coloristas, es que son librescas y están llenas de misterio ¡cada peldaño es una aventura!. Y, dado que la foto que ilustra esta pequeña divagación entre lo literario y lo viajero, es del verano de 2022, me permito decir que, si las escaleras no han sido debidamente restauradas… deberían serlo).
Cabe que, si te sucede lo que a mi, que cuando me zambullo en playas de arena negra no tardo en salir del agua porque la sensación de que la oscuridad del fondo del mar está ahí para engullirme me incomoda notablemente, entiendas también divinamente que la Christie se subiera a un ferry para trasladarse a las playas de arena blanca de Gran Canaria.
Después de su estancia en Canarias Agatha Cristie soportó su divorcio sin aspavientos ni desapariciones, pasó un par de años de escritura y paz cuidando de su hija y conoció a un arqueólogo que se convirtió en el hombre y amor de su vida; se casaron en 1930 y esta vez sí fue hasta que la muerte los separó.
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