Y quien dice ‘esta contradicción’ dice ‘estas contradicciones’ porque si algo sabe hacer la izquierda posmoderna es cabalgar contradicciones; lo explicó Pablo Iglesias a cuenta de su feminismo y la financiación iraní no recuerdo si de su partido, su televisión, su podcast… lo que fuera; que hay que cabalgar contradicciones, dijo, y muchos ¡incautos nosotros! pensamos que era solo un modo de zafarse de aquello que no era en realidad una contradicción porque el feminismo de Iglesias es impostado pero resulta que no, aquí está la izquierda actual, desde el PSOE a Podemos, Sumar y todo lo que los acompaña (todo lo que hay en el Congreso que no es conservador ni liberal… y casi me atrevo a decir ni demócrata) cabalgando contradicciones como si no hubiera un mañana. A continuación un resumen:
El movimiento LGTBIQ+ y Palestina
Hace no muchos días circulaba por redes un video en el que se veía a un grupo de activistas LGTBIQ+ manifestándose a favor del pueblo palestino y contra Israel… y veíamos a una mujer con hiyab echarlos de la manifestación porque para ella, para su religión y su cultura, Israel es el mal, sí, pero eso no significa que no crean, lo creen, que el mejor lugar para un homosexual sea colgado de una grúa.
Si a eso añadimos un dato: que Irán es el país del mundo con más operaciones de cambio de sexo ¿por qué? Porque se acepta el ‘haber nacido en un cuerpo equivocado’ y acudir a la cirugía para solventarlo, la homosexualidad no, la contradicción parece imposible de cabalgar, pero cabalgan… (cabalgan porque una vez se ha aceptado que lo importante no es la verdad sino lo que la gente cree que es verdad, ya solo es cuestión de montar relatos y defenderlos)
El feminismo y el Islam (no digamos ya el islamismo)
Empezaré por el caso más dramático y exagerado: en Afganistán las mujeres están obligadas a vestir el burka (ni los ojos se les ven…), su voz está prohibida en el espacio público, no digamos ya en entornos laborales (ahí están prohibidas ellas enteras, también en la escuela) y por supuesto en el transporte, que solo pueden usar acompañadas por un hombre de su familia. ¿Cómo encaja eso ya no con el feminismo sino con la igualdad de derechos de las mujeres en la sociedad occidental?.
Del burka podemos pasar al hiyab que están obligadas a llevar tantas mujeres incluso en países occidentales; y no admito la comparación de las mujeres con hiyab y las monjas, quien hace tal comparación demuestra más odio a la iglesia que sentido común: el hábito de las monjas está asociado a la congregación a la que pertenecen VOLUNTARIAMENTE, no al hecho de que sean mujeres y desde luego no están obligadas a vestirlo por ser mujeres sino por pertenecer a determinada congregación religiosa, son las normas de un club privado, no una norma religiosa impuesta a la mitad de la sociedad por el mero hecho de existir.
El globalismo y el nacionalismo
Contra el globalismo se ha escrito mucho, más si cabe contra el multiculturalismo (no confundirlo con el cosmopolitismo) pero lo cierto es que, nos guste o no, la mejora de las comunicaciones en todos los sentidos (de los medios de transporte y de los medios de comunicación) han transformado el mundo y, en cierto modo, ese parece ser un proceso sin vuelta atrás. Ahora bien, ahí están los nacionalismos, antítesis del globalismo en todos los sentidos, levantando muros lingüísticos y singularidades varias contra ‘los otros’.
¿Cómo va la posmodernidad a conjugar globalismo y nacionalismo? Lo peor de esta contradicción es que con la economía como factor aglutinante puede mantenerse en pie más tiempo del que imaginamos, dañando más a las sociedades en las que actúa de lo que podamos pensar.
Trabajar menos, pagar más impuestos… y no empobrecerse
Hace apenas unos días Yolanda Díaz hablaba de trabajar menos (reducir la jornada), de pagar más impuestos (a estas alturas quien no sepa que ‘los ricos’ de los que habla la izquierda somos todos es que no lo quiere saber…) y, cuando ya nos estamos imaginando todavía más pobres que tras el rejón que nos ha metido la subida de la inflación de los últimos meses y estamos además recordando con temor aquello que se dijo en Davos ‘no tendrás nada y serás feliz’, la diva trabajadora sigue su cháchara, a veces apenas inteligible, tratando de convencernos de que trabaja para que vivamos mejor ¿vivir más pobres pero mejor? Cabálgame esa contradicción… Que no, que el dinero no da la felicidad… pero paga las facturas, paga la hipoteca de esa casa en la que tienes tu hogar, tu refugio, tu lugar en el mundo. ¿Cómo van a convencernos de que trabajando menos, pagando más impuestos y por tanto ganando menos dinero vamos a vivir mejor? La fuerza del relato, de la propaganda, es la única que tienen para defender tal cosa.
La defensa de los pobres frente al ataque a los ricos
Al hilo de lo anterior: la defensa que la izquierda posmoderna hace de los pobres, de los desfavorecidos, de los que menos tienen… resulta inquietante frente a la sensación de que, ya sea vía inmigración ilegal o decrecimiento económico, ese grupo crezca ¿para cuidarlo, mimarlo y pastorearlo? A saber… ¿No tendría más sentido pensar en acabar con la pobreza más que en pastorear pobres? ¿Quién querría ser pobre pudiendo ser rico? ¿Por qué no trabajamos para que las circunstancias les sean propicias a quienes quieren dejar de ser pobres en lugar de subvencionarlos para que se queden como están? La cosa no es tan simple, por supuesto… pero el mensaje de fondo sí lo es: si atacan a los ricos es que quieren pastorear pobres, no acabar con la pobreza… ¿y cómo van a convencer a una sociedad entera de que la pobreza es el bien y la riqueza y el bien vivir es el mal? Esta contradicción es de las que mejor cabalgan… y tengo para mi que tiene mucho que ver con la educación, más incluso que con su gran capacidad propagandística.
La defensa de la igualdad frente a la singularidad regional
¿Cómo es posible que la izquierda globalista, la que defiende la igualdad por encima de todas las cosas, la de la clase obrera y los sindicatos apoye un sistema de financiación singular según el cual los que más tienen se llevan más y los que menos tienen… se apañan con las migajas? El uso de la neolengua orwelliana para contarnos las cosas es notable pero esta verdad está al fondo, no defienden la igualdad si apoyan la singularidad que no es otra cosa que desigualdad… una desigualdad, además, que no favorece a los que menos tienen sino justo al revés.
Defensa de la democracia y la libertad frente al exceso de legislación (intervencionismo)
La defensa de la democracia es un mantra en los políticos posmodernos, especialmente en los de izquierda, incluso los que son la antítesis de la democracia (Maduro en Venezuela, por ejemplo) lo hacen. ¿Y cómo cabalgan esa contradicción? Con mucha cara y más mentiras, supongo… Aquí tenemos a nuestra izquierda gobernante hablando de democracia y sacándose de la chistera planes contra la libertad de prensa… Y es que ya se sabe, a mayor legislación, menor libertad. Siempre.
La generación mejor preparada y el menor nivel de conocimientos y exigencia en años
El nivel de exigencia, hablando de educación, ha bajado, ha bajado tanto que los niños pasan de curso incluso suspendiendo porque, en defensa de su derecho a que su nivel de desarrollo no afecte a su desempeño escolar, los pasamos de curso aunque no hayan aprendido nada. Y tras ese desastre decimos que tenemos a los jóvenes más preparados… menos mal que decimos más preparados (como podríamos decir más titulados) y no mejor preparados porque entonces más que de contradicciones hablaríamos de mentiras flagrantes. Esta contradicción es fácil de cabalgar por una única razón… porque son demasiados los padres que solo quieren que su niño apruebe, pase de curso y se titule… Porque estamos maleducando muy por encima de nuestras posibilidades.
Eso así, hablando de grandes contradicciones pero es que hay más, muchas más, que no por afectar a debates más pequeños son menos importantes sino todo lo contrario, lo son más porque tejen la red de contradicciones que cabalga la izquierda a diario:
La jornada continua en los colegios y sus ignoradas consecuencias (para los más pobres)
Esta me llama mucho la atención: una de las cosas buenas que se le reconoce a la jornada partida es que, al ocupar parte de la tarde de los niños, reduce su tiempo libre lo cual, en el caso de los niños más pobres cuyos padres no pagan un sinfín de actividades extraescolares, es bueno porque los aleja de la marginalidad; si eso es suficiente o no para abogar por la jornada partida es un debate, uno que nos obligaría a ahondar más en sus ventajas e inconvenientes, pero sin profundizar en ello aquí, resulta como poco curioso que sea la izquierda la que pide jornada continua y la derecha la que la impone partida… ¿no era la izquierda la que se preocupaba por los más desfavorecidos?.
Protección de la infancia (más de sus padres que de terceros) y ‘adultización’ de los niños
Esta contradicción no tiene ni pizca de gracia porque los niños son sagrados: se habla de la protección de la infancia y de los derechos de los niños de todas las maneras y desde todas las perspectivas pero ¿cómo defender la protección de la infancia y afirmar después que con 16 años no necesitan el permiso de sus padres para nada o que pueden, siendo menores, mantener relaciones sexuales con quien quieran, si quieren, sabiendo el poder de manipulación de un adulto sobre un menor? En realidad la posmodernidad ataca la autoridad de los padres, nos dificulta proteger a nuestros hijos, los deja a la intemperie, los trata como adultos y luego dice defenderlos como niños que son… Lo que subyace a esta contradicción es el ataque a la familia como institución fundacional de la sociedad.
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Dicho todo esto… una cosa es decir una cosa y hacer la contraria ¡anda que no han hecho eso veces los políticos de cualquier partido! y otra muy distinta querer ensamblar una cosa con su contrario sin que salten las costuras por alguna parte, dicho de otro modo: pueden decir que defienden la democracia y legislar contra el poder judicial, pueden decir que defienden la libertad de prensa y legislar contra ella, pueden decir que defienden los derechos de los trabajadores y legislar contra las empresas que les pagan el sueldo… y todo eso se sostendrá mientras el ‘al menos no gobierna la derecha’ o el ‘todos son iguales’ siga funcionando, ahora bien, a mi que me explique alguien cómo van a lograr que los miembros del colectivo LGTBIQ+ vivan tranquilos con vecinos que, en sus países de origen, los colgarían de grúas; cómo van a vivir tranquilas las mujeres de minifalda, jeans ajustados, top de Zara y bikini playero con vecinos que, en sus países de origen, las obligarían a vivir bajo un burka, les impedirían ir a la escuela e incluso hablar en la calle; o cómo van a convencer a los nacionalistas que levantan fronteras lingüísticas y culturales de lo bueno que es diluir los estados nación con sus fronteras a cuenta de un mundo de puertas abiertas para todos, todas y todes; eso va mucho más allá de defender una cosa y hacer otra, eso es pretender mezclar agua y aceite… no se puede, se puede hacer como que se intenta dándole marcha a la batidora, que es exactamente lo que están haciendo, pero es una solución efímera, antes o después la batidora se calentará o saltarán los plomos y el aceite flotará sobre el agua… lo malo es que los humanos no somos agua y aceite, somos más emocionales que todo eso y la disolución imposible no se descompondrá sin dolor.