‘El que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho‘ decía Cervantes y no seré yo quien le quite la razón ni matice en modo alguno su aportación al refranero popular, ahora bien, sí diré que, ahondando en el sentido de esta frase, es muy cierto que cuando lees y escuchas a unos y a otros sin permitir que tus propias ideas o posicionamientos te impidan prestar un poco de atención a los otros, vas descubriendo las aristas que esconden determinados asuntos y su complejidad… y acaba por darte la risa cuando la posmodernidad rampante trata de convencerte de que la cosa está entre la izquierda y la derecha, el nacionalismo o el fascismo, el comunismo o la libertad, el PSOE o la ultraderecha, la Iglesia o el ateísmo más brutal, Broncano o Motos…
Tranquilos, no voy a explayarme sobre la polémica de la semana, que ríos de tinta han corrido ya y Rubén Arranz ya escribió lo que había que escribir al respecto; yo no vi ni a Broncano ni a Motos (y mira que tengo en casa el peluche de una de las hormigas, nunca me acuerdo si es Trancas o Barrancas) pero es que en casa somos ya desde hace tiempo de cenar mirándonos a la cara, contándonos qué tal el día y sentarnos después a ver algún capítulo de la serie que toque antes de apagar el día leyendo un rato; como dice Javier Rubio Donzé, no hay dos España (la de Broncano y la de Motos) sino tres, la de Broncano, la de Motos y la que no ve la tele o ve a Broncano o a Motos en función del invitado que lleven… en casa somos de la última, unos indisciplinados que hacen lo que les da la gana. Pero yo no iba a hablar de Motos y Broncano, ni de mis veladas familiares…
Verán, ayer mientras editaba fotos (es lo que tiene editar revistas, que no solo editas textos…) aparecieron en mi timeline de Twitter Gloria Lago y Pedro Insua y decidí dejarme acompañar por ellos ¿resultado? El mismo que suele materializarse cuando escuchas a personas que, más allá de cuán de acuerdo estés o no con ellos, tienen en la cabeza algo más que un potaje de eslóganes e ideas preconcebidas, se iluminan determinadas aristas de temas complejos…
Pedro Insua fue crítico con quienes explican la situación política que vive España en la actualidad a un enfrentamiento entre comunismo y libertad obviando o minusvalorando el papel del nacionalismo; señaló también el modo en el que suele asociarse a la Iglesia católica con el conservadurismo nacional (Franco y sus herederos que diría alguno…) olvidando que esa misma Iglesia católica fue cómplice de la izquierda más radical en el País Vasco, por ejemplo. Fue entonces cuando recordé yo algunas cosas…
Pedro Insua es de Vigo y del 74 y quien escribe estas líneas es de Ferrol y del mismo año, el 74, así que cuando pensamos en nuestros años de estudios no creo que pensemos en cosas muy distintas salvo por matices, no menores, como que él es de escuela pública y yo de la concertada religiosa, de colegio de monjas. ¿Imaginan lo que pensaba mientras escuchaba a Pedro Insua hablar de la Iglesia y el catolicismo? Pensaba en la monja aquella (cuyo nombre haré como que no recuerdo) que hablaba solo y siempre en gallego, cuya bandera era la gallega con la estrella roja, que daba clase de matemáticas y se negaba a explicar nada en español, se negó a hacerlo incluso a la hija de un ingeniero de Bazán (cuyo país de origen recuerdo vagamente y no era hispanohablante), hoy Navantia, cuyo padre pasaría solo un año en la ciudad. Recuerdo como se fueron incrementando no solo las horas de gallego (y literatura gallega) que dejó de ser, como dice Pedro Insua, una María, recuerdo también como se incrementaban la cantidad de asignaturas que dábamos en gallego sino que ya no eran religión y gimnasia sino matemáticas… Y recuerdo como, no solo en mi casa sino también en las de mis compañeras, nadie daba demasiada importancia aquello, se trataba como algo carente de importancia, ‘tú no hagas caso’, ‘tú atiende a las asignaturas y ya está’ (al fin y al cabo el colegio en cuestión era de los que tenía fama de buen nivel educativo, y visto el nivel que teníamos en COU cuando nos las vimos con quienes venían de otros colegios e institutos así era, no porque nosotros tuviésemos un gran nivel, ojo, pero el de los otros era más bajo… no me adentraré aquí en los vericuetos de la caída libre del nivel educativo).
La Iglesia es una institución histórica e inmensa que tiene sus cosas y si nos limitamos a valorar solo las cosas buenas estaremos siendo tan injustos y ciegos, tan representantes de la posverdad (la verdad es lo que mi me viene bien que sea…) como quienes solo ven las cosas malas; y sí, la iglesia en España ha sido, y es, connivente con el nacionalismo y el nacionalismo es una ideología destructiva, excluyente, supremacista, es el mal hecho idea, hecho mala idea.
¿Significa eso que quienes nos dicen que tenemos que elegir entre comunismo y libertad se equivocan? ¿qué el verdadero problema es el nacionalismo? Aquí respondo a la gallega… Depende. Y no, no me escapo de la realidad sino que veo sus aristas y matices. Quien utilizó el eslogan ‘comunismo o libertad’ fue Isabel Díaz Ayuso en Madrid y, aunque le pese a quienes militan en la izquierda ya sea en el comunismo o en sus aledaños, era un eslogan muy atinado ¿por qué? Porque hablamos de unas elecciones regionales y en Madrid no hay nacionalismo aunque algunos confundan el cosmopaletismo* con el supremacismo propio de las ideas nacionalistas, aunque haya a quienes le molesten frases como ‘madrileños de Cuenca o de Caracas’; y digo esto con la absoluta convicción de que es así por un par de razones de peso: la primera es que llevo 24 años viviendo en Madrid y siempre me he sentido en casa, desde el primer día; intuyo que los madrileños (que son poco más de la mitad de quienes viven en Madrid) no son del todo conscientes de cuán diferente es llegar a una región como Madrid con tu lengua materna y hacerlo a Galicia, País Vasco, Cataluña, Valencia, Baleares… donde llegas igual, con tu lengua materna, y te encuentras con mil y una trabas a cuenta de la segunda lengua de esa región en particular; la segunda razón tiene que ver, precisamente, con un dato que ya he dado, la mitad de los madrileños no son de Madrid y entre los que sí lo son vaya usted a saber qué porcentaje (pero seguro que no bajo…) es la primera generación de madrileños de su familia… con esos mimbres no hay cosmopaletismo que valga (no al menos relacionado con el supremacismo propio de las ideas nacionalistas).
*(cosmolapeletismo: los paletos de ciudad, que los hay, tantos como paletos de campo o incluso más porque las ciudades están más pobladas; una aclaración: no me atribuyan a mi el mérito del término, no sé si el palabro es idea de Gonzalo Altozano o él se lo leyó o escuchó a otro previamente, por lo que a mi respecta el copyright es suyo).
Ahora bien, si ampliamos el ámbito del debate y de quien hablamos es de aquellos que, a nivel nacional, plantean la misma dicotomía: comunismo o libertad, la cosa cambia, cambia radicalmente y no porque en el fondo no haya algo de cierto en ello, que lo hay, sino por los matices o aristas del asunto: hablar de comunismo o libertad pensando en ERC o Bildu aliados con Podemos, Sumar y el PSOE puede tener cierto sentido pero cuando metemos a Junts y el PNV en el mismo saco la cosa empieza a hacer aguas, el PNV, el partido de ‘Dios y leyes viejas’…¡anda! con la iglesia hemos topado ¡y en medio del supuesto comunismo!
No son pocos quienes vienen diciendo desde hace tiempo que el esquema izquierda-derecha ha caído y no sé si habrá un lugar en el que eso sea tan evidente como en España por un elemento de distorsión brutal: el nacionalismo. Se habla del Sanchismo como si fuera la socialdemocracia y el PSOE o como si fuera una facción radical de izquierdas que ha amalgamado en la persona de Pedro Sánchez a toda la izquierda pero esa es solo parte de la verdad, la parte más evidente, pero hay más: en realidad resulta imposible unir, sin el uso de la fuerza, tantos con ideas tan dispares como ha unido Pedro Sánchez en su persona, van con él todos a una como si fuera un caudillo sin ejército ¿por qué? Porque hay algo que tiene en común al izquierda española con el nacionalismo: es disgregadora.
¡Cómo va a ser la izquierda disgregadora si es todo lo contrario! ¡si es igualdad! ¡si son derechos sociales! ¡si son servicios públicos para todos, todas y todes! … A mi no me pregunten cómo pasamos de la socialdemocracia aquella a la cosa que tenemos hoy (o sí, pero no hoy ni aquí que sino no terminamos…) pero tampoco me pidan que me tape los ojos y no vea lo que tengo ante ellos: es la idea disgregadora y rupturista la que subyace al encuentro de media España en Pedro Sánchez y es así porque aquel PSOE que se entregó su facción catalana al PSC se ha entregado hoy por entero a ese mismo PSC o, si cabe, a uno todavía más rupturista; y por eso el PNV o Junts no tienen más camino que el que los lleva a Sánchez por mucho aspaviento y disimulo del que traten de hacer gala y por eso es un error de una gravedad brutal pensar que será con su ayuda como la no izquierda llegará al poder para arreglar el desastre sanchista; el nacionalismo no puede ser parte de la solución porque no es que sea parte del problema, es que es el problema, siempre lo ha sido pero explicar eso, fuera de las regiones nacionalistas en las que tiene mando en plaza, es como predicar en el desierto y por eso en Extremadura o en las dos Castillas o en Andalucía o en Murcia votan PSC (que eso es lo hay en la papeleta del PSOE) y por eso el PP sigue soñando con un frente liberal conservador para frenar al frente popular como quien cuando tiene hambre sueña bollos.
No hay nada que nos asegure una mala decisión como hacer un mal análisis del problema… y en esas estamos. Háganme caso, vuelvánse un poco gallegos y cuando les pongan delante lindezas como ‘yo o el caos’ o ‘la ultraderecha o yo’ o ‘comunismo o libertad’, digan: ah pues depende…