Más colegio y menos instituto.

Si hay algo que podemos decir sin temor a equivocarnos es que cada reforma legislativa en el ámbito educativo hecha en nuestro país en los últimos 40 años, o bien empeoraba las cosas respecto al escenario previo, que por lo demás era malo de antemano (de ahí que hubiera que reformarlo), o suponía poco más que un parche que reducía un poco la velocidad hacia el desastre pero sin llegar a cambiar de dirección.

No seré yo quien diga que cualquier tiempo pasado fue mejor, entre otras cosas porque no lo pienso, ni tampoco quien defienda que el sistema educativo previo a la democracia era mejor… (un sistema que permitió que mi abuela con 8 o 9 años saliera del colegio o que mi abuelo con 14 empezara a trabajar no puede parecerme óptimo en modo alguno por loable que fuera el sistema de becas) pero en educación, como en todo en la vida, no conviene hacerse trampas porque las mentiras que hoy nos contamos y nos creemos se convierten en minas que explotan a los que vienen detrás así que si sabemos que hay aspectos concretos de alguna reforma cuyas consecuencias están siendo negativas lo honorable es dar un paso atrás, no persistir en el error ¿por qué digo ésto? Porque la propuesta de la Comunidad de Madrid según la cual los colegios de nueva construcción incluirán aulas de 1º y 2º de la ESO que, de este modo, vuelven de facto al ámbito de la educación Primaria, me parece un gran acierto: que los antiguos 7º y 8º de EGB estuvieran ya en el instituto nunca pareció una gran idea y los hechos demuestran que no lo fue.

Las etapas educativas no existen por capricho pedagógico sino con un fin, otra cosa es que tal y como se organizan en la actualidad esos fines estén claramente tasados o tengan sentido, por ejemplo para Gregorio Luri los 9 años son clave y en cambio están ahí perdidos en medio de la Primaria; hoy las etapas educativas obligatorias son: Infantil (de 3 a 6 años), Primaria (de 6 a12 años) y Secundaria (de 12 a 16 años); esta organización sustituyó hace ya unos años a la que todavía recordamos muchos porque es la que nos tocó vivir: Infantil (de 4 a 6 años) y EGB (de 6 a 14 años); desconozco los entresijos de la planificación que se hizo a la hora de pasar de las musas al teatro y abandonar la EGB para lanzarnos a la Primaria y la Secundaria, lo que sí sé es que se consideró que la ESO se iba entera al instituto y eso supuso que, a partir de los 12 años, los niños se iban ya al instituto ¿tenía sentido mezclar a los niños de 12 años con los de 16 y convertirlos en los pequeños del patio con lo que todo eso supone cuando podías tenerlos un par de años más en el colegio madurando como los reyes del recreo y permitiendo que llegaran un poco más hechos al instituto? No lo creo, nunca tuvo sentido pero es que además ahora vemos las consecuencias que ha tenido el cambio.

Para empezar, y como bien señala Berta González de Vega, este cambio supuso que muchos padres empezaran a mirar a la concertada con mejores ojos no solo porque les permitía retrasar el traslado de sus hijos al instituto sino porque ofrecía mejor horario que los institutos públicos. Y no, no eran las mejores posibilidades de conciliación la única razón para mirar a la concertada, también algo que es a todas luces evidente: ¿quién no ha pasado por la calle junto a un colegio o un instituto? ¿a que no es lo mismo? No lo es, en el colegio hay padres, madres, abuelos y abuelas a montones, tiendas de chuches y cuando toca hasta carrito de los helados… El ambiente alrededor de un instituto es distinto, es, sencillamente, de ‘más mayores’ ¿y dónde están mejor los niños de 12 años? ya sabemos que ellos están a medio camino, ya no son pequeños pero tampoco son mayores; no solo se trata de que estén más protegidos en el colegio que en el instituto (que Dios me libre de caer en eso de sobreproteger a los niños ¡qué gran error!) sino que lo que está más protegido es su desarrollo natural, es decir, no van a tener tantas interferencias de ‘cosas de niños mayores’ en su día a día y por tanto su desarrollo será más tranquilo entre sus pares.

La educación progresista tiende a buscar el progreso acelerado del desarrollo de los niños, a desvincularlos de los padres mejor antes que después, a darles alas para que las usen sin enseñarles previamente cómo funcionan… (y a meterse en ámbitos que no le competen, que son exclusivamente competencia de los padres pero esa es otra historia); es verdad lo que dicen de que los niños son libres, los hijos son libres decía mi abuela con más razón que una santa, pero son también, hasta que completan su crianza y educación, responsabilidad de sus padres y el sistema educativo debe acompañar esa responsabilidad y por eso, si sabemos que los niños de 12 y 13 años tienen que espabilar demasiado rápido para adaptarse al ambiente del instituto, si sabemos que nos resulta más complejo acompañar su desarrollo con ese cambio temprano ¿por qué no los mantenemos dos años más en el colegio y permitimos que lleguen al instituto más maduros y capaces de adaptarse mejor, sin forzarlos, a esa nueva etapa educativa?. Y es que tiende a olvidarse que los niños van al colegio y al instituto a aprender, adquirir conocimientos y cuantos menos dificultades encuentren para lograr ese fin, tanto mejor.

Sé que es una idea que va contra el credo educativo progresista que tiene mandamientos como que las niñas de 16 años pueden abortar sin que sus padres lo sepan o que los niños pueden mantener relaciones sexuales con un adulto si ellos quieren (no lo digo yo, lo dice Irene Montero) pero también sé, porque algo sé de crianza y educación, que los niños tienen sus tiempos de desarrollo y que no respetarlos no es que sea pecado, es que no tiene perdón.

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