Bermudas así, con mayúscula, porque no hablamos de los pantalones cortos que cabe que lucieran los tres en Lanzarote mientras acordaban los próximos pasos del gobierno de España, a espaldas de quienes lo soportan a cambio del precio que tengan a bien cobrar por sus escaños y más a espaldas todavía (por no decir más abajo de la espalda…) de quienes lo parieron vía urnas, ya fuera votando en ellas a los unos o los otros o absteniéndose de acercase al colegio electoral en la fecha señalada. No hablamos de esa prenda veraniega no, sino del archifamoso triángulo que se tragaba las embarcaciones para siempre, las borraba, literalmente, del mapa.
¿Y a santo de qué recuerdo yo ahora el Triángulo de las Bermudas para hablar de Zapatero, Illa y Sánchez? No soy tan perspicaz en el análisis político como para que leer que se habían reunido estos tres políticos del PSOE en Lanzarote me llevara a pensar en el maldito triángulo, pero cuando leí después alguna crónica política que advertía del nerviosismo en Ferraz y en Moncloa por la susodicha reunión… entonces sí, entonces sí pensé en el Triángulo de las Bermudas porque ya no me cupo duda alguna acerca de algo que, por otra parte, viene siendo evidente desde hace ya un tiempo: Sánchez trabaja, única y exclusivamente, para sí mismo y, colateralmente, para los suyos, unos ‘suyos’ que saben que, si fuera menester, mañana serían de los otros (que le pregunten a Ábalos…) y, dado que su único objetivo es satisfacer sus propios anhelos, no tiene problema alguno en comprar apoyos a quien tenga a bien vendérselos; por eso ni Ferraz ni el gobierno importan, porque en Ferraz manda él y el que rechiste cae o se convierte, como Page, en algo así como un elemento de control de daños, es decir, una excusa, una curiosidad, una manera de decir que la disidencia existe aunque lo mismo daría si no existiera. Pero me estoy yendo del tema ¿por qué todo esto es un nuevo Triángulo de las Bermudas?.
Lo es, o al menos podría serlo, porque Sánchez, sabiendo que no tendría el poder si no lo compraba, supo tan bien como lo supo Iglesias y como lo supo Zapatero, que a nivel nacional tenía que atraer a todo el nacionalismo, y sabía que podía hacerlo porque el nacionalismo patrio no responde a golpe de ideas, ni tan siquiera de ideología, responde a golpe de pasta y competencias, nada más; ¿y a nivel internacional? A nivel internacional si la socialdemocracia caía (y ha caído, o mejor expresado, ha muerto de éxito) no tendría ahí nada que hacer y, si no caía del todo (ahí está Scholz en Alemania aguantando el tipo a ratos) cabía la posibilidad de que él fuera visto como lo que es, un tipo poco fiable que cambia de ideas y opinión a conveniencia propia como quien lo hace de chaqueta, de ahí que optara por la vía de Zapatero, su Alianza de Civilizaciones y su Grupo de Puebla; tan bien le salió la apuesta que dejó a Iglesias, auténtico ideólogo de la cosa, desnudo y sin cartera, Podemos, que era el partido radical de izquierda, ya no tiene espacio ni razón de ser cuando el PSOE, sometido a Sánchez, ha ocupado su espacio.
Sánchez aprendió de Zapatero a comportarse como un maleducado en política internacional: ¿recuerdan a Zapatero sentado al paso de la bandera de Estados Unidos? ¿Y a Sánchez no recibiendo a Milei?; a nivel nacional aprendió también de Zapatero… y más aún de Iglesias, pero fue más allá que ambos dos juntos: él atrajo incluso a la extrema derecha catalana y vasca a su redil, un redil en el que esa extrema derecha nacionalista que se movía de escándalo en los mentideros políticos de Madrid llevándose competencias y dinero de la caja común, es hoy un rebaño que responde al lobo con piel de cordero que es Sánchez haciendo como que no ve que los ha metido en el mismo redil que a los lobos de extrema izquierda ¿en qué puede acabar eso? Me da que no les importa una higa, de ahí los nervios que se respiran en sus filas.
La cuestión es: si Sánchez ha apostado su futuro a la buena salud, medida en escaños, de las minorías ya sean nacionalistas o regionalistas (que si Teruel Existe, que si Soria Ya, que si Cuenca Ahora, que si…) y en política internacional se posiciona con el Grupo de Puebla y frente a Israel (ergo con Hamás y el islamismo aunque no quiera…) y la única federación de su partido que puede aceptar tal posicionamiento, por lo que tiene de nacionalismo travestido (a favor del cupo catalán) y por su aceptación histórica de la inmigración musulmana en detrimento de la hispanoamericana (nunca se les vio protestar ante aquella medida de Pujol), es la del PSC ¿dónde queda ya no el PSOE sino toda la izquierda española que, además, está también sometida a Sánchez aunque no quiera (Podemos) y aunque lo niegue (Sumar)? En el Triángulo de las Bermudas escenificado sin querer (o queriendo, vaya usted a saber…) por Sánchez, Illa y Zapatero en Lanzarote.
Aquí mi apuesta: la izquierda sobrevive en España porque hay tensión y, como confirmaron en su día Gabilondo y Zapatero, les conviene que haya tensión, ahora bien, tanto si esa tensión se diluye como si empieza a ser más real, es decir, no se trata de una tensión impostada (¡qué viene Franco!) sino real (no tengo trabajo, no puedo pagar la hipoteca, okupas por aquí, narcopisos por allá…) ¿qué va a suceder? Pueden suceder muchas cosas, a cada cual peor, pero en cuestión de votos hay una que se me antoja factible: si la política de Sánchez desvía los fondos, todavía más, a Cataluña y País Vasco y se reduce el dinero disponible para la compra de votos vía subsidios, subvenciones, plazas de funcionario, interinos… en regiones donde así se está sosteniendo el PSOE, puede sucederle al partido, y a la izquierda entera, lo que a los barcos en el Triángulo de las Bermudas…
Dado que es con cierta base social a favor y todo el nacionalismo como elemento de distorsión también a favor como Sánchez llegó y se mantiene en el poder, planteo dos dudas: la primera es ¿conoce Sánchez al nacionalismo o cree, incauto él, que podrá mantenerlo siempre bajo su bota sometiéndose a él? y la segunda ¿cuánto tiempo más tardarán todavía los votantes socialistas extremeños, andaluces, castellanos, asturianos… en darse cuenta de que les han robado el PSOE, que importan un bledo y que ahora, cuando votan PSOE, sólo votan PSC?.
No sé qué sucederá primero, si el rebote nacionalista o el de un buen número de votantes del PSOE, ni sé lo que quedará de la España del 78 cuando suceda (si es que queda algo) pero de que Sánchez no es eterno no tengo dudas; tampoco de que su tercera vía, el wokismo, también está en crisis por mucho que Kamala diga que hay que ‘stay woke’. Me abstengo de optimismos, por supuesto, porque la geopolítica es tan completa que hasta un Maduro de mercadillo como el venezolano puede perpetuarse en el poder ¿por qué no un traje vacío, como llamó Girauta a Sánchez en más de una ocasión?.