Queridos padres:

Me dirijo de nuevo a vosotros porque es a todas luces evidente que el tiempo de inestabilidad política va a prolongarse indefinidamente y eso significa que la educación seguirá, en el mejor de los casos, abandonada a su suerte, a lo peor se usará como trampantojo con funestas consecuencias, como ha sucedido tantas veces. La consecuencia directa de esto es que estamos solos (o casi).

O casi. Porque el sistema funcionará tan mal como lo han hecho funcionar los políticos pero quedan profesores que se saben cómplices de los padres y no del Ministro de Educación, que se saben responsables de lo que enseñan y de lo que aprenden sus alumnos, que asumen su responsabilidad por encima y por debajo de los enredos políticos así que solos, sí, pero menos.

Cuando empezaba el curso escolar que ahora termina la situación no era muy diferente de la actual y no será muy diferente el curso próximo ¿resultado? Me reafirmo en lo dicho y escrito, estamos maleducando por encima de nuestras posibilidades, soplan vientos que empujan nuestras naves hacia el abismo de la mala educación, nos toca arriar velas y remar contra corriente, subir el río como salmones y salvar a nuestros hijos de la quema, o así es al menos como yo lo veo.

Os lo conté en Maleducados y ahí queda el libro, un libro que empezó el cole en septiembre pero que, como es ajeno a las leyes educativas, no se va de vacaciones sino que permanece ahí, a vuestra disposición como padres y educadores. Sé que no he descubierto nada, que no he denunciado nada que no sepáis o que no hayan denunciado otros a lo largo y ancho de los últimos años; la particularidad de Maleducados es que no lo ha escrito un pedagogo ni un doctor en educación, tampoco uno de los expertos que las tecnológicas han puesto en liza para defender la cacareada digitalización, lo he escrito yo, que soy por encima de todo un madre preocupada por la educación de su hijo (en eso seguro que no somos muy diferentes).

¿Y a santo de qué os cuento esto hoy, a las puertas de las vacaciones de verano? Os lo cuento porque, aunque ya en Maleducados os advertí que no podemos esperar que la solución a la debacle educativa venga de donde nació el problema (los políticos y sus interesadas reformas educativas), mucho me temo que cabe que jueguen a buscar soluciones que serán a lo sumo parches o a lo peor incluso serán peor remedio que la enfermedad educativa propiamente dicha. Y me revuelvo y me revelo, me indigna el desastre tanto como a vosotros… pero veo un camino, el camino bueno que es siempre el camino de la verdad, el de los hechos reales tanto si nos gustan como si no; y sé que es un camino que no han descubierto todos los padres a pesar de los esfuerzos de gentes como Gregorio Luri, Catherine Lecuyer o David Cerdá y por eso insisto y me dirijo vosotros, queridos padres, como uno de los vuestros, sin más ánimo que el de deciros que el camino es siempre el del saber y el del esfuerzo, el de la lectura y el conocimiento, el de los museos, bibliotecas y librerías más que el de los campos de fútbol (¡sin que por ello haya que dejar de disfrutar del deporte rey!), el de las conversaciones largas y los paseos lentos, el de jugar al Trivial, al Tabú o al Enredos más que a la Play (sin que por eso haya que privarse de los videojuegos); y sí se puede, que diría aquel político de infausto recuerdo… sí se puede si se intenta y si se recurre a la herramienta más valiosa nunca inventada (aquí igual exagero un poco… pero sólo un poco), los cuentos, las historias, los relatos ¿sabéis por qué los políticos que venden relatos utópicos nos cuelan su mercancía averiada mientras que los que hablan de realidades aburren a las ovejas y espantan a los pájaros? Porque a los seres humanos nos encantan las historias… Contad cuentos, leed cuentos, llenad la vida de vuestros hijos de historias porque así haréis que su vocabulario y su capacidad de comprensión del lenguaje crezcan y haréis algo más, les daréis fondo y estructura, y todo ello junto es una herramienta poderosa, una magnífica comprensión lectora que los llevará a una certera comprensión del mundo en el que viven.

Durante mucho tiempo pensé que al mundo le sobraban relatos (propaganda) y le faltaba realidad… pero aprendí hace pocos días escuchando a David Cerdá que no es cierto, al mundo no le sobran relatos, le faltan si acaso relatos verdaderos así que unida esa nueva certeza a la que ya tenía acerca de la importancia del buen leer desde bien pequeños, no he podido evitar la tentación de hablaros de nuevo, queridos padres, porque lo que os dije en Maleducados sigue vigente…

+

Maleducados, Ed. Sekotia (Almuzara Libros)

Deja un comentario