Compartía hoy en X (antes Twitter) Pedro Herrero (Aparachiqui), el faminazi por excelencia, un dato que le hacía señalar la necesidad de un plan Marshall para recuperar la natalidad: media de hijos que tienen las mujeres con formación universitaria: 0,87.
Claro que tendría que ser un plan Marshall que funcione, no medidas como aquellos 2000 euros de Zapatero o medidas similares puestas en marcha por diferentes autoridades y para dar con las medidas que funcionen convendría no equivocar el diagnóstico; cuando hablamos de maternidad solemos hablar de conciliación (yo lo he hecho muuuuuchas veces) y ciertamente ese aspecto es clave, un bebé no se cría solo, necesita de nuestro tiempo y atención; lo que no solemos pensar es que la crianza son sólo unos pocos años (¿tres, cuatro?), después los peques van teniendo sus propios tiempos y espacios (en el cole principalmente) y los padres ‘recuperan’ ese tiempo y no os digo nada cuando los niños tienen 12 o 14 años… La cuestión es ¿qué sucede con las madres que levantan el pie del acelerador cuando son madres y pasados tres o cuatro años de crianza o incluso algunos más (12 o 14 como máximo) quieren volver a retomar su ritmo habitual de trabajo? Pasa que no pueden ¿por qué? Porque el machismo hoy lo sufren las madres.
¿A qué me refiero con eso de que el machismo lo sufren las madres? Me refiero a los directivos que, cuando anuncias tu embarazo, te preguntan si quieres un cambio de puesto para tener un trabajo de maruja; me refiero a los directivos, empresarios, mandos intermedios cualesquiera y miembros de departamentos de Recursos Humanos que, una vez solicitas tu reducción de jornada, te recuerdan que de ahí en adelante nada.
Veréis, nos están calentando la cabeza (no diré que con cierta razón) con que tenemos que retrasar la jubilación porque, dado que cada vez vivimos más y tenemos mejor calidad de vida (esto es discutible pero decirlo lo dicen) es natural que la vida laboral también se prolongue (sin relevo generacional el sistema va a colapsar…) pero resulta que cuando una mujer opta por reducir su jornada mientras sus hijos son pequeños o incluso se toma algún tiempo de excedencia (las afortunadas que pueden hacerlo) no logran después reincorporarse a la vida laboral con naturalidad ¡pero si tienen 45 o 50 años y estáis hablando de que la jubilación no llegará hasta los 70! La excusa más repetida es que has estado demasiado tiempo ‘fuera’ del mercado laboral (trabajar media jornada o teletrabajar también se considera estar fuera…) y es ahí donde digo que está el machismo que no es otra cosa más que el desprecio a la madre… No a la madre que los parió, que también, sino a la madre que cría y educa, a la que hace la compra y prepara la cena, a la que hace números para llegar a fin de mes sin que se note que se llega por los pelos, a la que organiza 27 cosas a la hora con el pequeño y el mayor… ¿De verdad pensáis que las madres son meras marujas que no aportan nada al mercado laboral? No me digáis que no es machismo, es machismo contra las madres. Y que es un machismo incomprensible no lo digo yo, ya lo dijo Chesterton cuando afirmó que nunca compadecería a una mujer por la insignificancia de sus tareas sino por la inmensidad de las mismas y reconoció además que no entendía como valorábamos más al maestro que enseña al niño que dos más dos son cuatro que a la madre que en casa responde a todas las preguntas, incluso a las que no tienen respuesta…
Este machismo del que hablo no es de hombres contra mujeres, es sistémico, es decir se ejerce por defecto y lo ejercen por tanto hombres y mujeres; no, no me pidáis sororidad, si es una mujer quien ejerce ese desprecio a las mujeres por el mero hecho de haber priorizado a sus hijos sobre su trabajo durante un tiempo, se dice y punto; no seré yo quien calle ante la madre que maleduca a su hijo permitiéndole ser un machito de gallinero para luego lapidarlo a él en plaza pública, cada cual que asuma sus responsabilidades.
Y aquí podría dejarlo… pero haré una aclaración más: hablo de madres y eso no significa que los hijos sean solo nuestros, son tan nuestros como de sus padres, tan responsables somos nosotras de su crianza como sus padres, ahora bien, del mismo modo que sacan a pasear el ‘nosotras parimos, nosotras decidimos’ para defender el aborto como derecho, yo lo saco a pasear ahora: nosotras parimos y nosotros (la que parió al niño y el padre que lo hizo), decidimos cómo será la etapa de la crianza, no lo decidirá una ley, no lo decidirá el machismo contra las madres… Pero me voy del tema y no quiero…
La maternidad es exigente, por supuesto, y es una decisión personal ¡faltaría más!; yo no soy partidaria de dar subvenciones ni dineros varios para madres (que es lo que suelen hacer los políticos), no se trata tanto de dar como de quitar, quitar problemas e impedimentos ¿a qué me refiero? A que ser madre no salga tan caro… no se trata de que nos lo pongáis fácil, basta con que no nos lo pongáis tan difícil. Ese, opino, debería ser el punto de partida del plan Marshall de Aparachiqui, entender las barreras que afrontan las mujeres cuando quieren ser madres (que son de lo más variopinto…) porque la clave de todo está en derribarlas y no, no es tan fácil como ‘regalar’ reducciones de jornada ni cheques bebé.