La escuela como herramienta democrática.

Empecemos por lo más sencillo: el valor democrático de la escuela radica en su utilidad como ascensor social, en la medida en que la escuela facilita a los estudiantes las herramientas y el saber que necesitan para progresar en la vida, la escuela es democrática porque, dado que la educación es gratuita y accesible a todos los niños, todos tienen acceso a esas herramientas y ese saber.

¿Cuál es el problema entonces?

El problema, que no tendría por qué ser tal cosa, es que no somos todos iguales ni tampoco son iguales nuestras circunstancias, lo que se traduce en que hay niños que llegan a la escuela con un vocabulario y un bagaje cultural superior a otros; no tendría por qué ser un problema porque el hecho de que no todos somos iguales y el hecho de que cada uno es él mismo y su circunstancia (y las circunstancias tampoco son todas iguales…) debería ser un hecho comúnmente aceptado por inmutable pero lo cierto es que no es así.

Vivimos un tiempo extraño en el que el valor que damos a la escuela es el de la igualdad y, dado que los niños llegan desiguales, se trabaja para que dejen de serlo ¿dando a cada uno lo que necesita para progresar desde el punto que quiera que haya llegado a la escuela? No. Marcando un itinerario que todos puedan seguir, es decir, el que empieza desde la peor posición es el que marca el punto de partida. Y esto deriva en un desastre que, si se consuma la pésima decisión de eliminar los colegios de educación especial, no hará más que empeorar.

¿No nos damos cuenta de que lo que estamos haciendo es gripar el ascensor social en lugar de hacerlo más accesible a todos? Vayamos por partes…

Al bajar el nivel general de la clase estamos haciendo varias cosas a cada cual más absurda: en primer lugar demostramos poca confianza en la habilidad y buen hacer del profesor para trabajar con sus alumnos dando a cada uno de ellos lo que necesita ¿que eso no es posible porque la ratio es alta? El problema entonces es la ratio, no el nivel; por otra parte demostramos también poco respeto a los niños que, ya sea porque son muy inteligentes o porque en su casa les han facilitado el acceso a la lectura y a planes culturales que han ido no solo satisfaciendo su curiosidad sino alentándola, demuestran un buen desempeño al ignorarlos y hacer que esperen a que los niños que tienen problemas de aprendizaje alcancen su nivel. ¿De verdad pensamos que democratizar la escuela es lograr que todos alcancen el nivel del que llega con el nivel más bajo? Y en tercer lugar demostramos también muy poco respeto hacia los niños con serios problemas de aprendizaje que necesitan atención especial al negársela.

Quienes defienden con especial ahínco el valor democratizador de la escuela confundiendo ese valor, que es real si la escuela es buena, con la igualdad de resultados lo hacen llevando la igualdad de oportunidades hasta el límite de la utopía: justifican que no hay igualdad de oportunidades si un niño llega al colegio con un vocabulario de 500 palabras y otro con un vocabulario de 1000, que el de 1000 siempre tendrá ventaja… Y esto, sin dejar de ser cierto, solventa una supuesta injusticia con otra ¿o acaso pensamos que hacer esperar al de 1000 palabras a que el de 500 le alcance es lo justo? Sé que habrá quien diga que sí y lo justifique hablando de privilegios… En este punto me gustaría detenerme.

Mi abuela era una mujer sabia y casi analfabeta ¿contradictorio? Ya os digo yo que no; creció en una familia tan pobre que en cuanto supo leer, escribir y las cuatro reglas dejó la escuela y empezó a trabajar en el campo (tenía 8 o 9 años); esa niña casi analfabeta fue madre años más tarde y cuando sus hijos se acercaban a la adolescencia se hizo socia del círculo de lectores porque tenía que haber libros en casa, porque los niños además de ir a la escuela necesitaban libros… Tendemos a pensar que los privilegiados son aquellos que tienen más dinero y los pobres los que carecen de él, tildamos a la cultura de privilegio asociándola al dinero y olvidamos que el verdadero privilegiado es aquel que tiene una familia que vela por su educación más allá de lo que haya o falte en su cuenta bancaria. Tendemos, en definitiva, a despreciar la importancia de los padres, es más, tratamos, según el sistema igualitario, de paliar esa diferencia… Y, ojo, no digo que no haya que dar a los niños que carecen de unos padres conscientes de la responsabilidad que tienen sobre la educación de sus hijos lo que esos padres no les dan (ya sea porque no puedan o no quieran…), sino que no por ello hay que frenar a los que van sobre ruedas porque sí cuentan con ello.

Los padres formamos parte del sistema educativo pero ni el sistema nos reconoce como actores de educación ni nosotros nos comportamos muchas veces como si lo fuésemos, eso por no hablar de las ocasiones, que lamentablemente no son pocas, en las que confundimos nuestro papel en la educación de nuestros hijos con una especie de derecho a meternos en la labor del profesor…

El conocimiento es hoy accesible y los profesores deben ser más que nunca facilitadores de un encuentro que tiene mucho de mágico, el de los niños y el conocimiento; los padres somos también facilitadores de ese encuentro, a otro nivel y en otros entornos pero con incidencia en lo que sucede en la escuela (que nuestro hijo llegue con 1000 palabras de vocabulario ya está marcando una diferencia pero esa diferencia no es con sus compañeros es con quien sería él con 500 palabras, dicho de otro modo, estamos facilitando su proceso de aprendizaje).

Nota para padres: según diferentes estudios sobre el desempeño académico de los niños hay dos datos que deberían servirnos para saber qué hacer para mejorar ese desempeño: el primero es el del vocabulario, cuanto mayor es el vocabulario de un niño mayor es su capacidad de comprensión y más rápido es su proceso de aprendizaje; otro punto importante es el bagaje cultural: una comprensión lectora baja no sólo se explica por un vocabulario corto sino también por falta de conocimiento acerca de lo que se está leyendo (os aseguro que mi comprensión lectora es buena… salvo que me pongáis a leer un texto de física cuántica, en ese caso seguro que sería pésima…); por eso es importante que leamos cuentos a los niños, que vean dibujos con un vocabulario rico, que les contemos historias, que hagamos con ellos actividades culturales que, sin dejar de ser divertidas, les aporten un mayor y mejor conocimiento de su entorno. Claro que luego llegas al colegio e igual te hablan de democratizar la escuela…

Si democratizar la escuela es convertirla en un ascensor social, hacer de ella un campo de oportunidades donde los niños, cada uno con sus capacidades y circunstancias, se labran un futuro con su motivación y su esfuerzo, díganme donde firmar que firmo ya mismo; pero si democratizar la escuela es asegurarse la igualdad de resultados… me opondré, me opongo enérgicamente.

Los resultados serán los que cada uno logre obtener ¿qué quienes cuentan con una biblioteca en casa juegan con ventaja? Sí, también tenemos ventaja respecto a quien nace en zona de guerra y no digamos ya si somos mujeres y nacemos en un país occidental o en Afganistán sin derecho incluso a ir a la escuela… Pretender igualar las circunstancias es un error que redunda en el menoscabo del bien común que los defensores de la democratización de la escuela en sentido igualitarista dicen buscar.

Buscar la igualdad de resultados es huir de la excelencia y abocarnos a la mediocridad pero lo cierto es que todo aquello que la buena educación puede darnos viene de la excelencia: no curará el cáncer un investigador mediocre (y no me vengáis con que algunos descubrimientos científicos han sido fruto de la casualidad, la casualidad encontró al investigador trabajando…), no volaremos a Marte si quienes tienen que desarrollar el programa espacial son mediocres y sí, la mayoría somos mediocres, sólo unos pocos son excelentes, ahora bien, si favorecemos la búsqueda de la excelencia, subiremos el nivel general y crearemos unas circunstancias más favorables al progreso.

El conocimiento importa y facilitar el acceso al conocimiento es esencial; ¿la labor del profesor? ¡qué importante! Es importante no solo como transmisor de conocimiento, que también, sino porque el profesor hace algo que no creo que pueda llegar a hacer una IA (aunque quien sabe…): mirar a los ojos a sus alumnos, verlos, descubrirlos, conocerlos, saber cuál es la circunstancia de cada uno, cuál es su nivel intelectual y entender qué necesita cada uno de ellos para avanzar y evolucionar desde el punto en el que está cuando entra por primera vez en el aula. La labor del profesor es que todos y cada uno de sus alumnos acabe el año sabiendo más de lo que sabía cuando lo empezó, no igualarlos, y lo curioso es que, si el profesor logra hacer eso, al cabo del tiempo se irán igualando y desigualando… Lo que al principio eran diferencias por el nivel cultural de la familia o por el nivel del vocabulario del alumno, al cabo de los años se convertirán en diferencias más por el desempeño del alumno que por cualquier otro aspecto. Y eso sí es democratizar la escuela.

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