Este falso debate, me parece a mi, no tiene apenas hechuras de debate, de ahí su falsedad, lo que me pregunto cuando se plantea esta elección es ¿y qué más da? Claro que yo pienso y hablo siempre desde la perspectiva de los padres, no de los profesores responsables del currículo de lengua y literatura…
Desde la perspectiva de los padres
Como padres lo que nos tiene que ocupar, preocupar e incluso obsesionar (en el mejor de los sentidos de la palabra) es que nuestros hijos adquieran y mantengan un buen hábito de lectura ¿no importa entonces lo que lean? Claro que importa… pero no es algo que podamos decidir nosotros; leer es una actividad personal e individual, suponiendo que exista un currículo de lecturas idóneo para niños y adolescentes sería uno diferente para cada niño o adolescente porque los niños no son todos iguales, no tienen todos los mismos gustos ni los mismos intereses y, dado que para que el hábito de lectura arraigue la lectura tiene que ser un placer, es imposible lograrlo pretendiendo que todos lean lo mismo.
Una cosa es que tratemos de influir en nuestros hijos a la hora de elegir sus lecturas y otra bien distinta que seamos nosotros quienes elijamos sus lecturas e incluso en el siempre recomendable campo de la influencia, conviene que antes de ejercerla hablemos con los niños acerca de lo que les gusta leer, acerca de lo qué les interesa antes de lanzarnos a recomendar esta o aquella lectura.
La mejor lectura para un niño y para un adolescente es aquella que le hace disfrutar porque es la que crea el hábito (y ya sabemos que el hábito no hace al monje pero sí al lector) ¿son los clásicos? ¿son las lecturas juveniles más modernas? ¡a saber! Para algunos será Stevenson, para otros JK Rowling.

Desde la perspectiva de los profesores
Cierto es que la perspectiva de los profesores es diferente, más que nada porque son profesores de literatura, no de lectura… y cierto es también que resulta un tanto absurdo, por no decir otra cosa, poner a los niños a estudiar vida y obra de autores que no van a leer, no digamos ya a estudiar movimientos y estilos sin saber de lo que hablan ¿qué hacemos entonces? Dado que sabemos que la comprensión lectora es manifiestamente mejorable y que el hábito de lectura no ha sido sólidamente construido (dicho así, generalizando que es gerundio y un poco injusto), parece un poco absurdo pensar que los niños tienen que salir de la ESO habiendo leído El Quijote, los Episodios Nacionales, La Regenta, Los Pazos de Ulloa y La Colmena (por citar algunas de las grandes obras de la literatura en español), lo que no parece descabellado es pensar que se les puede hablar de los autores de esas obras y leer extractos de ellas que les sirvan de acercamiento a la literatura de modo que la asignatura no se convierta en un peñazo que me estudio como un loro y vomito en el examen representando una comedia en la que los niños pasan por la literatura sin que la literatura pase por ellos.
Estos planteamientos que nos alejan del canon occidental de Harold Bloom en la enseñanza tienden a incomodar a los puristas en la materia pero era el propio Bloom quien decía que, dado que es imposible leerlo todo, es absurdo dedicar nuestro tiempo a leer cosas que no nos gustan (o algo así) y esto aplica también a las lecturas infantiles y juveniles; el problema es el moralismo contra el que también se manifestó Bloom, ese poder transformador que tantos otorgan a la literatura… cabe que lo tenga como puede tenerlo cualquier obra de arte e incluso cualquier aspecto de nuestra vida pero mirar hacia la literatura buscando en ella su fuerza moral es, precisamente, perderse el arte… y el placer.
¿Sueno amoral? Liberal, si acaso; creo que los profesores deben facilitar el acercamiento de los niños y adolescentes al conocimiento y como padres debemos asegurarnos de que los niños cuentan con las mejores herramientas posibles para recorrer ese trayecto ¿con qué intención? Buscando que cuando salgan del instituto y de la universidad tengan la capacidad de acercarse al conocimiento sin tutelas ni tutías y eso sólo podrán hacerlo si su comprensión lectora (su comprensión del lenguaje) es buena, por eso creo que los cuentos deben formar parte de la vida de los niños y que trabajar con ellos para que tengan un buen hábito de lectura puede ser la clave de su futuro ¿crees que eso es mucho decir? Pues atento a esto: dice Gregorio Luri que a los 7 años hay niños que tienen un vocabulario de 7.000 palabras mientras otros manejan solo 3.000, dado que dos años más tarde, a los 9, los niños pasan de aprender a leer a aprender leyendo, la conclusión es evidente: los que manejan más palabras, los que tienen un vocabulario más rico aprenderán más leyendo y lo harán más rápido y menos dolorosamente (esforzándose menos, si prefieren) que los que tienen un vocabulario más escueto; Luri va un paso más allá y afirma que hay una relación estrecha entre la velocidad lectora a los 6 años y los resultados escolares a los 16 años y entre la comprensión lectura a los 16 años y el sueldo a los 42…
Volvamos al planteamiento del falso debate que nos ocupa ¿lecturas juveniles o clásicos? Lecturas juveniles y clásicos… la clave no está en esa cuestión sino en que lean, en que les guste lo que leen y en que lo que leen esté escrito con un lenguaje ligeramente superior al que manejan (nota: podemos entender un texto desconociendo hasta un 10% de las palabras que lo componen sin necesidad de recurrir al diccionario); de este modo aseguraremos un buen hábito de lectura y una buena comprensión lectura que les permita leer lo que quieran (y a nosotros recomendarles lo que nos parezca sin miedo a que tengan nivel suficiente para disfrutarlo y entenderlo pero, y esto es esencial, lo nuestro llegados a ese punto será solo eso, recomendar, la elección será suya, su mundo lector, su biblioteca personal, es suya).
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Más respecto al hábito de lectura entre otras cosas, aquí: Maleducados
