De algún modo, casi abstracto y etéreo, tenemos más o menos claro que la educación es muy importante pero no ahondamos en qué significa exactamente esa importancia, dicho de otro modo, no pasamos de lo abstracto a lo concreto y, si en alguna ocasión lo hacemos, resulta que deglutimos con fruición falsos debates que se convierten en la manta que tapa lo esencial: que la importancia que damos a la educación es solo teórica y que, llegados a la práctica, son otros asuntos los que imponen su importancia a la educación misma.
¿Y cuáles son esos falsos debates en educación que nos despistan de lo importante? En la actualidad, y en mi opinión, son esencialmente cuatro: el bilingüismo (¿educación bilingüe sí o no?), las pantallas (¿digitalizamos la educación, empezando por los colegios, sí o no?), el deporte (que se usa como coartada para educar en valores (¿en qué valores?) despreciando la moral), y la lectura (tras la debacle en el infome PISA (¿de verdad es ese informe tan importante?) hablamos de lecturas (¿mejor que las lecturas obligatorias sean los clásicos u otro tipo de libros juveniles?) pero no de hábito de lectura cuando lo cierto es que el hábito no hace al monje pero sí al lector).
Empecemos por el primer falso debate: ¿bilingüismo sí o no?
Lo primero que tenemos que tener claro es que no debemos responder esa pregunta porque eso daría al falso debate hechuras de verdad de las que carece, lo importante no es si los colegios son bilingües ni si lo es la educación, lo importante es cómo conseguimos mejorar el nivel de idiomas de los alumnos; que haya un cartel que pone ‘bilingüe’ en la puerta del colegio no es lo esencial, es más, ni tan siquiera es importante.
Si los profesores no son bilingües y los alumnos viven en un entorno en el que esa segunda lengua que queremos que dominen no está presente ¿tiene sentido implementar un sistema educativo bilingüe? En sentido estricto, no, ese no parece el mejor camino para mejorar el nivel de inglés de los estudiantes (insisto, en sentido estricto).
Caben pocas dudas acerca de la importancia de que la lengua vehicular en la escuela sea la lengua materna de los alumnos; tanto es así que en regiones como Cataluña, donde los alumnos sí son bilingües (español / catalán), se ha detectado una incidencia mucho mayor de fracaso escolar entre los alumnos que no estudian en su lengua materna (aunque lo hagan en una lengua que sí conocen); y si estudiar en una lengua que conoces pero no dominas como tu lengua materna aumenta la incidencia de fracaso escolar ¿qué no hará estudiar en una lengua que apenas conoces, que no dominas en absoluto y que no es tampoco del dominio del profesor?. Criticar la inmersión lingüística en Cataluña, Galicia, Euskadi, Valencia o Baleares y aplaudir un sistema de educación bilingüe, en sentido estricto, con el inglés puesto al nivel del español es un ejercicio o bien de desconocimiento o de profundo cinismo.
He repetido ya tres veces ‘en sentido estricto’ (cuatro con esta…) refiriéndome al sistema de educación bilingüe ¿por qué? Porque lo cierto es que aunque en Madrid hayan colgado el cartel de bilingüe en la puerta de casi todos los colegios, el sistema que se aplica en muchos de ellos no es estrictamente bilingüe; eso es algo que, como madre de un niño escolarizado en Madrid, ya sabía pero que vino a confirmar Alicia Delibes hace pocos días en una entrevista a cuenta de su nuevo libro (El Suicidio de Occidente); Delibes, que formaba parte de la Consejería de Educación cuando Esperanza Aguirre puso en marcha el bilingüismo en la Comunidad de Madrid lo explica tal que así:
Dado que la escuela europea es la mejor escuela de idiomas, se estudió su sistema, un sistema que, a grandes rasgos, se resume así: los niños en la escuela europea van a los colegios de su sección (de su lengua materna), y en Primaria empiezan con una primera lengua extranjera, no dan clase en esa lengua (NO DAN CLASE EN ESA LENGUA) sino que todas las actividades extraescolares son en esa lengua; sólo a partir de Secundaria, empiezan a estudiar algunas asignaturas en esa lengua y a mitad de la Secundaria empiezan con una segunda lengua extranjera.
¿Cómo adaptar ese aprendizaje de idiomas al sistema español cuando no había inglés en Primaria ni maestros especialistas en inglés en esos cursos? Sin duda el reto era morrocotudo y lo que se hizo fue lanzar, para empezar, un plan de formación de maestros que incluía estancias estivales de inmersión lingüística en universidades inglesas; además se trajeron auxiliares de inglés a los colegios (esos a los que los niños llaman ‘el nativo’); una vez puesto en marcha este proyecto, se realizaban controles cada dos años para medir el aprendizaje de inglés de los niños y los resultados fueron positivos.
Y de eso puedo dar fe porque mi hijo nació siendo Alicia Delibes Viceconsejera de Educación de la CAM y cursó Infantil y Primaria ya con este sistema; claro que tampoco se trata de hablar de cuestiones de fe sino de hechos y el hecho es que los alumnos que pasaron por la escuela no estrictamente bilingüe de la CAM se examinan del First de Cambridge antes de llegar a Bachillerato y eso, sin ser bilingüismo como tal, es una mejora más que sustancial respecto a lo anterior.
(Entrevista completa a Alicia Delibes en la que habla, entre otras cosas, de la escuela europea, aquí).
La propia Alicia Delibes reconoce que en Secundaria las cosas fueron más complicadas porque para seguir emulando al sistema de la Escuela Europea necesitábamos profesores nativos que no se pudieron traer ¿por qué? Porque, como sucede con el MIR en Sanidad, en Educación también hay un proteccionismo del puesto del funcionario por encima incluso del bienestar del paciente o del alumno… (pero esa es otra historia en la que no voy a entrar ahora).
En definitiva ¿por qué decimos que hablar de educación bilingüe sí o no es un falso debate? Porque conseguir que los estudiantes adquieran un nivel aceptable en una segunda lengua no depende de que la educación sea bilingüe en sentido estricto, es decir, de que estudien en esa segunda lengua sino de que se pongan los medios necesarios para que el aprendizaje sea posible ¿y cuáles son esos medios? En los colegios clases de inglés diarias, clases de inglés con nativos, actividades extraescolares en inglés, visionado de películas o teatro en inglés… Y por supuesto ese trampantojo de inmersión también es cosa de los padres, de que pongamos a los niños los dibujos animados en inglés, de que si los mandamos a un campamento de verano sea en inglés… Y todo ello se puede hacer sin afectar un ápice al currículo educativo, sin tener que reducir materia y simplificarla para conseguir que los niños la entiendan y aprendan en un idioma que no es el suyo.
Los niños no pueden estudiar historia en inglés porque no aprenderán ni historia ni inglés, tienen que estudiar historia y aprender inglés, no hacer un potaje con todo ello antes de que sepan historia e inglés.
No es que el debate del bilingüismo esté mal planteado, es que no hay debate: el aprendizaje de una segunda e incluso de una tercera lengua es esencial y debe llevarse a cabo sin destruir por el camino el currículo educativo sino integrándose en él. Y si el sistema implementado en los colegios bilingües cooperativos de la Comunidad de Madrid funciona ¿por qué no trabajar en esa línea en lugar de jugar a ser creativos olvidando el principio de precaución? (y cuando digo que funciona no digo que sea ideal ni perfecto, digo que tener a chavales que salen de la ESO con el nivel del First de Cambridge es un mínimo más que razonable, tan razonable que con esa titulación ya no tendrán que cursar la asignatura de inglés en la universidad).
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