Si obviamos las circunstancias, con sus indultos, amnistías y demás perejiles, la noticia hubiera pasado casi desapercibida: el PP renueva su mayoría absoluta en Galicia. Lo de siempre. Lo normal. Pero como no somos dados a obviar la realidad sopena de estamparnos contra sus consecuencias, sabemos que esta vez era distinto aunque haya acabado siendo igual y sabemos también que si de aquí en adelante sigue siendo igual el trampantojo independentista que acabamos de esquivar podría arrollarnos.
Galicia es muy suya, los que la conocen lo saben, no es nacionalista al estilo catalán ni vasco pero tampoco es nacional al estilo castellano, es, probablemente, la más regionalista de todas las regiones de España; los españoles de Galicia somos muy gallegos, muy de saudades y morriñas, más de la almibarada Rosalía que del enérgico Pondal por mucho que lo hayamos hecho himno; los gallegos somos muy de lo nuestro, muy de recordar que el faro en funcionamiento más antiguo del mundo está en La Coruña, como el paseo marítimo urbano más largo de Europa, que el camino de peregrinos más maravilloso es el nuestro porque acaba en la plaza del Obradoiro y frente a una imponente Catedral en Santiago de Compostela o que para muralla romana la de Lugo, la mejor conservada de Europa; que la auténtica Galifornia está en la Rías Bajas y no en Málaga, que donde esté Sanjenjo se quite Marbella y que para turismo termal Orense, lo sabían incluso los romanos; que para fiordos los Cañones del Sil, para vinos los de la Ribeira Sacra y que a buen comer, diga lo que diga la guía Michelin, no nos ganan ni los vascos (bueno… ellos tal vez sí pero, como decía, los gallegos somos muy nuestros y muy de lo nuestro, por eso buscamos unto en Madrid para hacer caldo aunque aquí lo que se estile sean los callos o el cocido); y esto dicho así, sin pensar mucho, y dicho además por una gallega desarraigada que ha hecho de Madrid su casa y su libertad y que de morriñas y saudades sabe poco y siente menos… pero es que incluso los gallegos de Madrid somos muy nuestros.
¿Y a santo de qué semejante introducción? Viene al caso, créanme. Y es que si no se entiende que los gallegos somos muy nuestros, sino se entiende el verdadero hecho diferencial gallego que no es el nacionalismo sino el regionalismo, cabe que el nacionalismo que de hecho está creciendo en la región acabe por deglutir a esa Galicia regionalista amable y española.
Podía haber sucedido el 18 de febrero pero los gallegos han sabido votar en defensa propia y con el mejor de los ánimos, como dijo su presidente, Alfonso Rueda, para no chantajear ni dejarse chantajear; pero mientras la mayor parte de los gallegos le hacía un corte de manga a la izquierda nacional que está entregando el país al nacionalismo más destructivo (ahí está el cero pelotero de Sumar y Podemos y el dígito único de escaños del PSOE) el nacionalismo radical, después de una campaña en la que se vistió con piel de cordero y lució un rostro humano, ampliaba su espacio, de manera insuficiente, sí, por ahora.
Y si no queremos que ese por ahora se convierta en un ‘ahora sí’ el PP tiene que cambiar su estrategia en Galicia ¿radicalmente? No, que los gallegos somos muy nuestros, ya os lo he dicho, no somos de pólvora como los valencianos ni de castañuelas como los andaluces, somos más discretos a la par que elegantes (a veces), ahí está Rueda con su aspecto tranquilo y hasta aburrido, sin carisma decían, ganando por mayoría absoluta. El cambio no ha de ser radical sino sutil pero rotundo y decidido. Y, créanme también en esto, no es tan difícil.
Que los gallegos somos muy nuestros y muy de lo nuestro ya lo he dicho ¿verdad? Pues bien, conocer esta realidad ha hecho que en los últimos 40 años, desde que Fraga quiso convertirse en el Pujol gallego, todo partido que busca ganar algo en Galicia, o mantener lo ya ganado, le de al pueblo lo que pide, lo suyo; pero resulta que aquí se produce una confusión fatal: se confunde lo gallego con lo que está o debería estar en gallego. Y este es un error fatal porque convence a los gallegos, que son muy de lo suyo, de que lo suyo es Follas Novas o Cantares Gallegos pero no En las Orillas del Sar por el mero hecho de que los dos primeros poemarios a Rosalía de Castro le dio por escribirlos en gallego y el tercero en castellano; convencen así a los gallegos de que lo suyo es Pondal y Curros Enriquez pero no Pardo Bazán, Valle-Inclán o Torrente Ballester, de que lo suyo es lo que está en gallego no lo que es, sin más, gallego. Y por eso la guerra de los topónimos, porque La Coruña no es gallega si no se llama A Coruña y Orense es también menos gallego si no se llama Ourense.
Los gallegos somos muy nuestros y muy de lo nuestro y por eso no es tan difícil ni complejo el cambio de rumbo que debe acometer el PP; tienen cuatro años por delante para enaltecer lo gallego, todo lo gallego, porque no importa que Los Pazos de Ulloa sea una novela escrita en perfecto castellano (subrayo lo de perfecto), es una novela que no puede ser más gallega como no pueden ser más gallegos los esperpentos de Valle-Inclán; Galicia es una región bilingüe ¡alegría!, una región especialmente rica en lo cultural del floclore a la gastronomía pasando por la música y muy especialmente por el arte literario; Galicia no sólo se escribe en gallego, es más, Galicia parió en gran medida a España en lo cultural ¿en qué idioma escribió el rey castellano Alfonso X El Sabio sus cantigas? En gallego-portugués… (lo sé, lo sé, me esto viniendo arriba… remato ya):
¿Por qué va a permitir un gallego que le amputen parte de su cultura como quiere hacer de facto el nacionalismo más rancio rupturista y destructivo? ¿Por qué va un gallego a querer limitarse a una parte de lo suyo cuando puede ¡y debe! gozarlo todo? Los gallegos somos muy nuestros y muy de lo nuestro… solamente hay que dejar bien claro qué es lo nuestro, claro que esa es una batalla cultural de las que tanto molestan a la no izquierda patria: y las batallas que no se dan se están dando por perdidas de antemano e, inevitablemente, se pierden.
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Nota al pie: ¿cuántas veces leyendo este artículo habéis pensado que los gallegos no pueden ser más suyos que los andaluces, los valencianos o los canarios? Y tenéis razón… Esa es la diferencia entre el regionalismo y la plurinacionalidad: los regionalistas suman, aman lo propio sin despreciar lo ajeno, quienes defienden la plurinacionalidad esconden al nacionalismo dentro, el nacionalismo no solo no ama lo propio sino que lo usa en su beneficio y, además, no es que no respete lo ajeno, es que lo odia… Por eso quienes afirman que el regionalismo lleva al nacionalismo se equivocan, no porque no puede ocurrir sino porque no tiene por qué ocurrir, es más, no debe ocurrir; me despido con Emilia Pardo Bazán:

‘Si me preguntasen cómo podrá España seguir existiendo, qué hacer para conseguirlo, diré que lo primero instruirse, lo segundo instruirse, lo tercero instruirse y después, desenvolverse con arreglo a su naturaleza y con variedad y libertad, reconociendo, respetando y cultivando la intimidad de cada región’. Emilia Pardo Bazán.
Y por eso cabe concluir que la verdadera clave de todo está en la educación y que por eso es tan grave que seamos cada vez más maleducados.
