Educar.

Educar. Y punto.
Esa y no otra es la mayor responsabilidad de los padres porque los padres, no los profesores y mucho menos el Ministerio de Educación, son los responsables de la educación de sus hijos, la labor de los profesores es enseñar y colaborar en la educación pero la responsabilidad primera y última en esta materia tan importante es siempre de los padres. Todo lo demás es ruido.

Sí, hablar constantemente de las pantallas como si fueran parte de la esencia misma de la educación es hacer ruido; considerar que la distorsión que suponen las pantallas en la educación es el asunto a tratar y no el estado previo de la educación que es el que no solo permite sino que incluso facilita que esa distorsión se produzca, es hacer ruido.

Y sí, hablar del bilingüismo como la piedra angular de la educación, como la característica clave de la excelencia educativa es también hacer ruido. Hacerlo además defendiendo la importancia de que los niños estudien en su lengua materna en Cataluña y privándolos de ese derecho al defender el falso bilingüismo en Madrid es un ejercicio de necedad realmente notable y, en cualquier caso, también ruido.

Esas son actualmente las dos grandes fuentes de ruido en educación y son ruido no porque no sean importantes, que lo son, sino porque son asuntos colaterales a la educación, cabe que sean esenciales en el sistema educativo (digitalizar o no los colegios e implantar o no sistemas de educación bilingüe por supuesto que son temas mollares en el sistema educativo) pero no lo son si hablamos de la educación en sentido amplio y esencial.

¿Te confunde este planteamiento? ¿Crees que me estoy haciendo un lío? Eso es porque no he empezado por el principio, por definir qué es educar, qué es la educación, qué fines persigue (o debe perseguir). O bien, haciéndolo a la inversa como lo hice de hecho en el ensayo ‘Maleducados‘, definiendo la educación por sus frutos, es decir, definiendo que es un maleducado o una persona educada:

maleducado, da
Del part. de maleducar.
1. adj. Dicho de un niño: Muy mimado y consentido.

2. adj. Descortés, irrespetuoso, incivil.

Una persona educada es por tanto una persona cortés, respetuosa y aquella cuyo comportamiento es cívico; ¿qué tiene que ver eso con el uso de las pantallas o de uno u otro idioma durante el proceso que nos lleva a ese estado de educación o mala educación? Poca cosa, me temo.

La educación no tiene que ver con las pantallas ni los idiomas, tampoco con la empleabilidad de los futuros adultos, hoy niños; tiene que ver con su comportamiento, con su actitud y con las destrezas y conocimientos que adquieren; todo ello es lo que los lleva a ser educados o a no serlo ¿y por qué es tan importante que lo sean? Al fin al cabo ¿qué más da que un niño de o no las gracias o pida las cosas por favor? es más ¿qué más da que sepa en qué año se descubrió América si eso ya se lo dice Google? Preguntas como esas, que son las que permiten que tengamos un sistema educativo profundamente dogmático y utilitarista además de llevar a los padres por caminos ajenos a la buena educación, se responden solas cuando uno escucha a Antonio Escohotado:

Un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo, un país es rico porque tiene educación. Educación significa que, aunque puedas robar, no robas; educación significa que tú vas pasando por la calle, la acera es estrecha, tú te bajas y dices disculpe; educación es que, aunque vas a pagar la factura de una tienda o un restaurante dices gracias cuando te la dan, das pro- pina y cuando te devuelven lo último que te devuelvan vuelves a decir gracias. Cuando un pueblo tiene eso, cuando un pueblo tiene educación, un pueblo es rico, o sea en definitiva la riqueza es conocimiento y sobre todo un conocimiento que le permite el respeto ilimitado por lo demás. Si tú te metes en gran parte del mundo en un vagón de metro, en un autobús apretado es muy raro que cada uno de los que te vaya apretando vaya diciendo, como sucedería en Suiza o hoy en día en España, perdone, disculpe, perdone; donde no se produce eso, el pueblo es pobre.

Pobre en sentido literal porque la educación es lo que permite el progreso de las sociedades: saber lo que hicieron y descubrieron quienes vivieron antes que nosotros, conocer de dónde venimos y en qué punto estamos, es lo que nos permite dar pasos adelante con firmeza, avanzando y progresando; dar pasos a ciegas, sin saber qué pasó antes ni entender por qué estamos como estamos o conformándonos con lo que dice Google o Chatgpt nos permite despeñarnos por el primer precipicio que se nos cruce, nada más.

¿Puede una sociedad maleducada, con un sistema educativo poco exigente y cargado de dogmatismo, parir al hombre que cure el cáncer o la diabetes tipo 1? Tal vez, pero si lo hace no será porque haya puesto los medios para ello sino porque la brillantez de un individuo, de uno solo, puede sobreponerse a la ignorancia más absoluta incluso con pocos medios, ahora bien ¿qué ocurre con todos los demás? ¿qué pasa con los que sin ser brillantes sí son individuos capaces? Que un sistema así los deglute, los destruye…

La mala educación es ignorancia y barbarie aunque al principio no lo parezca, es en realidad el primer paso hacia ella; la cortesía, mantener las formas, respetar al de enfrente, reconocer el mérito y el saber de los otros… eso es lo que nos salva de la pobreza, lo que nos permite progresar. No progresamos con el reparto equitativo de la riqueza ni monsergas semejantes, progresamos con la creación de riqueza y eso no aplica sólo a las cosas de comer, también al ámbito intelectual.

Por eso decimos siempre, y hay que decirlo más, que la educación empieza en casa y continua en todos los ámbitos en los que se mueven los niños; empieza en cosas tan sencillas como el uso del por favor y el gracias, como la exigencia de respeto a los padres y profesores, también al resto de compañeros; y continua respondiendo a la curiosidad innata en la infancia cuando no creándola y alimentándola; es verdad que a partir de aquí la escuela, tal y como ha evolucionado por culpa de las políticas igualitarias que denigran el esfuerzo, el trabajo y la memoria, no ayuda pero eso no debe llevarnos a la rendición, más bien al contrario, hemos de ser resistentes y no es tan difícil; ¿la clave? Hay varias, la primera es la lectura…

¿Y por qué es clave la lectura? Porque un niño con un buen hábito de lectura es un niño con buena comprensión lectora que no teme texto alguno por largo que pueda ser y eso es una puerta abierta de par en par al conocimiento. La franqueará o no pero si no lo hace no será porque tú, como padre, no le has dado las herramientas para hacerlo… (spoiler: lo hará porque un buen hábito de lectura es como un estómago vacío, no aguanta mucho tiempo sin exigir lo suyo).

Pero no solo es clave la lectura, también lo es el arte en general (del primero al séptimo, que es el cine); es verdad que es más fácil llevar al niño a un partido del Real Madrid que al Museo del Prado pero también es más fácil que coma macarrones con tomate que judías verdes con jamón y no por ello dejamos de servírselas cuando toca ¿y por qué toca? ¿Porque queremos tocarle al niño las narices, valga la redundancia? No. Toca porque sabemos que el paladar se educa, que hay texturas y sabores que cuestan más pero de los que uno aprende a disfrutar ¿cómo? probándolos y no solo una vez… Lo mismo sucede con el cine, la pintura, la música clásica… no son disciplinas a las que uno acuda de niño dando palmas con las orejas pero no por ello hay que permitirles que vivan ajenos a ellas, hay que dárselas en su correspondiente dosis, dejándolas caer sobre su vida como se dejan caer las semillas en el campo, ya llegará la cosecha.

¿Conclusión? No permitáis nunca, jamás y bajo ningún concepto que un niño os diga cosas como ¿y a mi ésto la historia para qué me sirve? ¿y a mi la literatura de qué me vale? Es verdad que a veces responder a estas preguntas cuesta porque tú mismo estás cerca de compartir la opinión del niño (que nos conocemos…) pero tú, precisamente tú que eres padre o madre, seguro que tienes claro que el lugar que ocupa el conocimiento, cualquier conocimiento, es el de la ignorancia y ¿para que crees que le sirve a tu hijo la ignorancia? Para mucho menos que cualquier conocimiento, sin duda.

Lo mejor que podemos hacer hoy los padres por nuestros hijos es abrirles la puerta al conocimiento, una puerta que no se abre en una pantalla ni en inglés o en castellano sino en su mente ¿cómo? A través de un buen hábito de lectura (aunque acaben leyendo lo que les venga en gana, ya llegarán otras lecturas, ya crecerán sus ámbitos de interés e irán llegando a ellas), a través de las películas y de las series, incluso de los documentales (los de la naturaleza los hipnotizan a veces más que los dibujos animados y les permiten empezar a conocer el mundo más allá de su entorno), a través de uno y mil planes culturales posibles… No se trata de atiborrarlos a visitas a museos y edificios históricos sino a que esas visitas, esos planes, formen parte de su agenda regularmente, a veces incluso en dosis muy pequeñas, en ratos cortos, como al despiste… un concierto por aquí, una película histórica por allá… ¿qué está estudiando la II Guerra Mundial y cuando ve el libro de historia se pone verde? ¡Anda que no hay series y películas de la época que pueden ayudarle a mirarla de otro modo, con otros ojos!.

Si logramos hacer eso, librarnos del utilitarismo y del dogmatismo de nuestra época, sacudir el manto de oscuridad e ignorancia con el que pretende envolver a nuestros hijos no sólo estaremos salvándolos de la quema, que no es poco pero, además, estaremos empezando a cambiar el mundo… o no pero, dime ¿tienes algo mejor que hacer que intentarlo? Al fin y al cabo la alternativa es quedarnos mirando, como las vacas miran al tren, como el futuro de nuestros hijos se diluye en una época oscura… y no somos vacas.

+

Más en Maleducados:

Deja un comentario