Cartago es uno de esos lugares que visitas con el libro de historia del colegio en la cabeza… ¡las guerras púnicas! A la tercera fue la vencida y Escipión la destruyó para que fuera después Augusto quien fundara sobre sus cenizas la que se convertiría en la segunda ciudad más grande del Imperio Romano… Cuando llegas a Cartago con eso en la cabeza resulta si cabe más emocionante pasear sus ruinas.
No sé si el aviso que te dan hoy a llegar a Cartago es el mismo que cuando yo la visité, hace ya algunos años, pero de ser así lo que te dirán será algo como ¿ves ese muro y ese palacio de ahí? Es el palacio presidencial, no hagas fotos hacia él, está prohibido. Yo casi lo olvido paseando las termas y buscando vistas y encuadres bellos… pero bastó la mirada de un guardia tunecino que movía además negativamente la cabeza, para que ya me cuidara de enfocar a palacio, vamos, me cuidé hasta de mirar en esa dirección.

Lo que queda de las Termas de Antonino es lo mejor conservado de aquella icónica ciudad y no es cosa de poco porque eran las termas más importantes del Imperio Romano y las más grandes construidas en suelo africano; viendo lo que queda de ellas resulta imposible no preguntarse qué fue de lo que fueron, dicho de otro modo ¿qué fue de los mármoles que enaltecían la belleza de estas termas junto al mar? Podrías hacer una ruta tras sus pasos pero sería una ruta larga, parte de sus mármoles acabaron en Canterbury, otros en Pisa, algunos en Génova… Pero volvamos a Cartago y sus termas: cuentan que fue un arquitecto romano quien las construyó y ciudadanos patricios quienes las subvencionaron, de eso no tenemos certeza pero sí de que en su época de mayor éxito y lujo contaban con hasta 11 bóvedas que rondaban los 30 metros de altura, eso antes del terremoto que hizo colapsar buena parte de ellas allá por el año 388.
Resulta sorprendente descubrir como, a pesar de caer en desuso alrededor del año 638 y del desmantelamiento que vino después, se conserve todavía suficiente como para que Cartago sea un sitio arqueológico reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Eso hoy, porque hasta el S.XIX la humanidad había olvidado las Termas de Antonino, fue entonces cuando comenzaron las excavaciones y con ellas la recuperación de una parte importante de la historia.

Un apunte que te hará maravillarte más si cabe en este cálido lugar: la gran columna, delicadamente reconstruida, que se mantiene hoy en pie mide 12 metros y medio de altura… imagina ahora la docena de bóvedas de casi 30 metros de altura…