La tecnología no es el enemigo pero…

Empezaba yo Maleducados, el ensayo sobre educación que he publicado el pasado mes de septiembre, diciendo que hablamos poco de educación y creo firmemente que es así, ahora bien, resulta que en las últimas semanas se habla algo más que hasta la fecha ¿buena noticia? No del todo porque de lo que se habla es de la influencia de la tecnología en los adolescentes, no de la educación en una era tecnológica.

Las posturas respecto a la tecnología en educación son por regla general tan claras como encontradas: hay quien defiende el uso de dispositivos electrónicos por parte de los niños e incluso anima a la adopción temprana del móvil insistiendo, eso sí, en la necesidad de una educación digital previa y un acompañamiento del menor en su empoderamiento tecnológico (o algo así). Frente a quienes defienden esta postura están quienes quieren sacar las zarpas de la tecnología de la educación y proponen incluso la prohibición del uso del móvil hasta los 16 años (en la actualidad, por algún consenso no escrito al que hemos llegado, esa edad parece estar en los 12 años).

Empezaré por ahí: ¿por qué cuando los niños cumplen 12 años la mayor parte de los padres entienden que ha llegado el momento del móvil o se sienten obligados a comprar uno a su hijo ‘porque todos sus amigos lo tienen’? Olvidad todas las respuestas tecnológicas que se os puedan ocurrir, la respuesta a esta pregunta no está en el móvil ni en los padres, está en el sistema educativo: si el paso del colegio al instituto siguiera en los 14 años en lugar de estar ahora en los 12 el primer móvil llegaría, muy probablemente, a los 14 años; ese cambio educativo, el que mandó al instituto a los niños a los 12 años supone mucho más que un cambio de centro educativo: cuando los niños estaban hasta los 14 años en el colegio su camino de la niñez a la juventud, a través de la adolescencia, empezaba paulatinamente, sin que se sintieran influidos ni mucho menos obligados por su entorno, a crecer; el ‘ya soy mayor’ que antes decían con 14 años ahora lo dicen con 12 y eso tiene muchas implicaciones.

¿Conclusión? Somos los adultos los que estamos acortando la infancia de los niños y empujándolos a marchas forzadas a la adolescencia y empezar esa etapa de su vida de forma forzada y arrastrando un lógico nivel de inmadurez no traerá buenas consecuencias.

¿Más razones para haber llegado al consenso no escrito de que los niños tengan su primer móvil con 12 años? La lógica evolución de las cosas: la tecnología no llega a la vida de los niños cuando tienen 12 años, llega mucho antes; somos los padres los que les ponemos en las manos nuestros móviles para que se estén quietos y no den guerra (y no sólo en la sala de espera del médico sino en cualquier momento); el móvil o la tableta se convierten en ese botón que siempre hemos dicho que los niños no tienen ¡no puedes apagar a un niño como si fuera un muñeco! Tal vez no… pero con los móviles y los tablets el efecto es casi el mismo; y por tanto, si metemos los dispositivos electrónicos en la vida de los niños desde que tienen apenas un año ¿qué pensábamos que iba a pasar? Lógicamente pasan de usar los nuestros a usar los suyos en una evolución casi natural.

En este punto, como sucede con el móvil a los 12 años, hay quienes defienden que los niños crezcan haciendo uso de la tecnología porque su mundo es tecnológico pero con control e incluso con formación digital y quienes lo consideran una barbaridad porque los niños no tienen todavía capacidad de autoregularse, de templanza, de inhibir estímulos externos, de reconocer lo relevante frente a lo superficial, de saber distinguir lo privado de lo público, de resistir a la presión de los desconocidos*… dicho de otro modo, no tienen madurez suficiente.

¿Y si os digo, llegados a este punto, que las dos posturas pueden estar mal y bien? No haré tal cosa pero os prometo que podría, sería perfectamente capaz de defender ambas posturas porque, al fin y al cabo, hay argumentos para todo, aunque tampoco dudo de que sería una defensa perfectamente desmontable por quienes no la comparten ¿por qué? Porque no me lo creería ni yo…

Y es que mi problema, y creo que el de la mayoría de los padres, es que sabemos que vivimos en una era tecnológica y de algún modo entendemos que nuestros hijos conviven con la tecnología (incluso quienes son más restrictivos con el móvil, la tableta y por supuesto internet y las redes, le compran la PlayStation a sus hijos…); cuando tratamos de limitar el uso de dispositivos electrónicos nos sentimos como si estuviésemos tratando de poner puertas al campo y en esto tiene también mucho que ver la pandemia, una época de encierro en la que la tecnología fue más una ventaja que una desventaja pero lo cierto es que esas puertas al campo, llámense como se llamen (educación digital o prohibición del uso del móvil hasta los 16 años, por ejemplo) hay que ponerlas y no por lo que la tecnología provoca en nuestros hijos sino porque todo lo que la tecnología sustituye o, dicho de otro modo, por todo lo que los niños dejan de hacer para meter su cabeza en un dispositivo digital porque todo eso que dejan de hacer es lo que les permite madurar y adquirir capacidad de autoregularse, de templanza, de inhibir estímulos externos, de reconocer lo relevante frente a lo superficial, de saber distinguir lo privado de lo público, de resistir a la presión de los desconocidos* entre otras muchas cosas.

Creo que nos equivocamos si nos centramos en reducir o controlar el uso de los dispositivos electrónicos como si eso por sí mismo solucionara algo, creo que la educación digital que defienden muchos, si bien tiene un punto de necesidad, es absolutamente insuficiente y creo que lo que debemos pensar es en qué han dejado de hacer los niños y qué deberían empezar a hacer de nuevo ¿un ejemplo? Leer:

Actualmente es muy fácil encontrar a padres que asumen con naturalidad que sus hijos no lean, es más, lo justifican diciendo que hoy en día los niños tienen otros intereses (poco menos dicen que los que leíamos de adolescentes lo hacíamos solo porque no teníamos nada mejor que hacer); no entraré a rebatir esta afirmación (aunque podría…) pero sí insistiré en dos cosas al respecto de esta postura que demuestran sobre cuánto error se sustenta:

Empezamos por el final, esos otros intereses que tienen hoy los adolescentes ¿cuáles son? ¡Preguntadles! Veréis que la mayoría no leen ni van al cine regularmente, el teatro no lo han pisado nunca, los museos sólo en las excursiones del colegio; muchos os dirán que les encantan los videojuegos y otros tantos que les encanta el deporte, ya sea verlo o practicarlo ¿de verdad asumimos como suficientes que los intereses que mueven a toda una generación se limiten a las pantallas y el deporte? ¿de verdad pensamos que todo lo demás es prescindible? ¿de verdad somos tan obtusos como para creer eso?.

Y respecto a la aceptación de la no lectura: empezaré por decir, a modo de tirita antes de la herida, que no voy a hacer un elogio de la literatura ni de la filosofía, tampoco a defender la importancia de que los adolescentes lean a los clásicos ni a los menos clásicos sino que voy a centrarme en algo más básico y esencial: que los adolescentes tengan una baja comprensión lectora supone un problema mayúsculo que muchos padres no están calibrando bien:

Tener baja comprensión lectora no quiere decir que no sepas leer (de hecho técnicamente todos los adolescentes saben leer…) ni que no logres entender a Góngora ni a Quevedo (aunque, ciertamente, no los entienden), lo que quiere decir es que eres más lento a la hora de leer y comprender un problema de física que tienes que resolver, quiere decir que te da dolor de cabeza afrontar un texto largo como un tema de historia o filosofía y que no eres capaz de resumirlo correctamente y quiere decir que te quedas con la literalidad de los textos porque te pierdes en el uso de las figuras literarias propias de cualquier texto.

Tener baja comprensión lectora lleva implícito también tener una limitada comprensión del lenguaje, es decir, no sólo tener dificultades a la hora de leer un texto sino a la hora de escuchar una exposición porque, en realidad, la baja comprensión lectora es sólo el termómetro que nos avisa de que hay fiebre, es decir, que hay un manejo limitado de la lengua.

Además, tener baja comprensión lectora tiene como consecuencia tener una capacidad expresiva todavía más limitada, un vocabulario más corto y una absoluta incapacidad de expresarte más allá de las formas más directas y literales.

El ser humano, incluso en la era tecnológica, se comunica a través del lenguaje así que, queridos míos, tener un vocabulario corto y limitaciones en la comprensión del lenguaje es la madre de todos los problemas… Y nos obsesionamos con que los niños aprendan una segunda e incluso una tercera lengua cuando no dominan su lengua materna y con si les damos el móvil a los 12 o a los 16 cuando hemos sido incapaces (a lo peor ni tan siquiera lo hemos intentado) de hacer arraigar en ellos el más mínimo hábito de lectura.

La lectura no es lo único damnificado en beneficio de las pantallas y el deporte, hay muchas más cosas: oigo a padres afirmar que es imposible meter a sus hijos en un museo, no digamos ya en una biblioteca o una librería, para eso están las excursiones del colegio, de este modo los niños viajan sin saber muchas veces por dónde pasan y sin que los lugares que visitan pasen por ellos; basta una muestra de desinterés del niño para cambiar de planes como si despertar y alimentar la curiosidad de los niños no formara parte de nuestras responsabilidades como padres; y cierro este repaso volviendo a la tecnología pero no a su lado oscuro sino al más luminoso: internet en general y la televisión a la carta (netflix, HBO, Amazon Prime… y demás plataformas) son una fuente infinita de información pero los niños ni ven series ni ven películas, mucho menos documentales; y yo me pregunto: si tu hijo está estudiando la II Guerra Mundial en historia ¿por qué no le propones ver juntos, no diré un documental que se le puede hacer más tedioso, una serie o una película de esa época? es solo un ejemplo pero hay muchas más posibilidades ¿por qué no te vas a tomar el aperitivo el domingo por el Barrio de las Letras y así como de rondón le cuentas dónde vivió Lope de Vega ahora que está estudiándolo en literatura? ¿Por qué no estás pendiente de lo que se mueve en el ámbito cultural de tu ciudad para intentar incluir algún plan o alguna visita que entiendas tú (tú, no tu hijo) que es interesante para reforzar su educación?

La respuesta a estas preguntas y a otras similares suele ser ‘con mi hijo imposible’ y, si es así, tenlo claro, se debe a que has renunciado a ejercer tu autoridad como padre (y al hablar de autoridad no hablo de ordeno y mando sino de saber); dado que a los profesores los hemos despojado también de su autoridad en el aula y son los adolescentes los que marcan el camino en base a sus intereses… ¿de qué nos extrañamos? Raro me parece que el móvil no llegue antes de los 12 años.

¿De verdad pensamos que los problemas de la educación en la actualidad pivotan alrededor de las pantallas? No. Una y mil veces no. La tecnología juega en nuestra contra en la medida en que se come mucho del tiempo que los niños deberían dedicar a otras cosas y en la medida en la que acceden sin filtro alguno a contenido que no tienen madurez suficiente para comprender pero aunque quitásemos la tecnología de la ecuación seguiríamos teniendo serios problemas: que los adolescentes lleguen a la universidad todavía como tales y no como los jóvenes que deberían ser ya (inmadurez) y sin las herramientas necesarias para desarrollarse plenamente (una buena comprensión lectura, un buen hábito de lectura y saber, conocimientos generales del mundo en el que viven más allá de cuatro consignas mal expresadas) es el verdadero problema.

En Maleducados lo explico con más y cabe que con mejor detalle pero déjenme que les regale la conclusión: la meritocracia son los padres así que, queridos padres, la clave del futuro de vuestros hijos la tenéis vosotros, no esperéis una ley educativa que salve a vuestros hijos, no pidáis legislación que os sustituya como responsables de la educación de vuestros hijos y poneos a la tarea ¿por dónde empezar? Por lo básico: hay que subir el nivel de comprensión lectora y el modo de hacerlo es bien sencillo: leyendo; se puede negociar cuándo, cuánto y qué leer, no se puede negociar leer o no leer; con los peques es fácil, haced de los cuentos un elemento de uso diario, con los menos peques tampoco es tan difícil, sólo se trata de informar de un cambio en su vida: hay que leer un rato cada día (empezar por 20 minutos), ese rato tiene que convertirse en un hábito así que pedid a los adolescentes que se lo agenden (los hay que prefieren por la tarde cuando hacen los deberes, otros por la noche al irse a la cama… no discutáis por el cuándo, cuando ellos quieran), en cuanto al cuanto ya está dicho, 20 minutos para empezar y en cuanto al qué tampoco discutáis, ayudadles, ofrecedles lecturas que sean de su interés, hablad con ellos hasta que les saquéis temáticas que les puedan gustar, tomad como referencia sus preferencias en general (¿qué le gustan los videojuegos? Dadles el juego de Ender ¿se pierden por los dinosaurios? tratad de colarles el mundo perdido de Conan Doyle y sino los Parques Jurasicos de Michael Crichton ¿son de cómics? Tintin, Asterix y Obelix ¡Mortadelo y Filemón! ¿los magos y la magia? Harry Potter… No toméis esto como una lista de recomendaciones sino sugerencias para trabajar con los niños haciendo posible que se enganchen a la lectura; una vez que, a través de lecturas que les interesan, vamos asentando el hábito de lectura y será después cuando podamos plantearnos seriamente qué deberían leer para completar su formación (pero sabiendo siempre que nuestra responsabilidad como padres está más en mantener vivo y vital el buen hábito de lectura que en lo que leen, no podemos permitirnos de que dejen de leer por matarlos de aburrimiento con lecturas que todavía no les interesan).

Y como cierre, un pequeño apunte: si empezamos a incluir planes nuevos en la vida de nuestros hijos (un ratito de lectura, una noche de cine o serie a la semana…) vamos reduciendo su tiempo de pantallas, vamos haciendo grietas en la burbuja en la que viven, vamos ampliando su mundo y cabe que despertando en ellos nuevos intereses… Y en eso, queridos padres, consiste la educación.

*Palabras de Catherine L’Ecuyer en X al respecto del uso de los móviles en adolescentes: enlace aquí.

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