Estado de la nación. Un drama escrito con renglones torcidos.

Vivimos un drama escrito con renglones torcidos e incluso retorcidos, nos sobran villanos y nos faltan héroes; eso así, para empezar, amén de otros fallos de estructura y coherencia argumental; y no, no hablo de literatura, hablo de la vida misma, de la realidad (los relatos los dejamos para los amantes y practicantes de la propaganda).

Que los ciudadanos no sólo no seamos iguales ante la ley sino que una casta política defienda que sus decisiones están por encima de la ley y fulmine nuestra Constitución, cuyo fin es proteger nuestros derechos y libertades, en nombre de una soberanía popular inexistente, es un drama.

Soberanía popular inexistente, sí, porque nuestra Constitución reconoce la Soberanía Nacional que reside SIEMPRE en el pueblo español, no una soberanía popular que resida en los representantes del pueblo español (los políticos); he aquí un ejemplo del uso torticero del lenguaje que Orwell bautizó como neolengua: soberanía popular suena al poder del pueblo y soberanía nacional nos suena facha y es justo al revés, la soberanía popular pone a la casta política por encima de la ley y del pueblo mientras la soberanía nacional somete a todos los ciudadanos, incluidos los políticos, a la ley.

¿Y cómo hemos llegado a este drama? Su historia se ha venido escribiendo a la vista de todos en los 40 años largos de democracia que estamos a punto de tirar por el despeñadero: la cosa empezó bien, con una Transición de la ley a la ley dejando atrás una larga dictadura que sucedió a una cruenta guerra civil; pero se fue torciendo poco a poco y en esto ni el PSOE ni el PP pueden eludir su responsabilidad, los primeros por acción (la separación de poderes comenzó a romperse con González y Guerra en el poder, la renuncia del PSOE a existir en Cataluña y su entrega al PSC también data de esa época) y los segundos por omisión (jamás dieron un paso atrás sobre los errados avances del PSOE en esa línea legislando para recuperar la división de poderes, siempre actuaron como recogenueces al más puro estilo PNV); cierto es que hasta Zapatero PP y PSOE respetaban unos consensos mínimos que el entonces líder socialista comenzó a minar ¿y qué hizo el PP de Rajoy? Nada. Luego llegó Sánchez diciendo una cosa y haciendo la contraria, alimentando con saña el guerracivilismo resucitado a traición por Zapatero ¿y qué hizo el PP de Casado? Tratar de cargarse a Ayuso ¿y qué hace el PP de Feijóo? A saber…

Permítanme un par de aclaraciones: no quiero decir con este parco resumen de trazo grueso que todo lo que nos trajo el bipartidismo fuera malo, en absoluto fue así, pero estoy tratando de explicar cómo hemos llegado aquí y nada de lo bueno que hicieron lo explica; notarán también que no mencionado a los partidos nacionalistas que son el germen del desastre y es que no serían tan cosa sin la colaboración directa o indirecta del PP y del PSOE, además ya hablé en este blog largo y tendido del asunto en varios artículos, alguno muy cercano en el tiempo.

Y aquí estamos, con nuestra democracia en el desfiladero y a punto de ser despeñada montaña abajo.

No quiero detenerme más en el cómo hemos llegado aquí porque ciertamente ya no importa, no hay tiempo de análisis ni de pedir responsabilidades ni cosa semejante, puede que sea incluso tarde para evitar la caída pero siempre será más digno tratar de hacerlo que quedarnos mirando como nuestros derechos y libertades se quedan desnudos y a merced de la casta política con el mismo pasmo con el que las vacas miran al tren y por eso en lo que sí quiero detenerme es en el drama que vivimos, porque si entendemos que nos sobran villanos y por qué, que nos faltan héroes y que el argumento está lleno de propaganda y falto de coherencia con el fin de evitar un clímax del que surja un héroe, tal vez, sólo tal vez, podamos evitar el desastre.

Empecemos por los villanos, que parece que nos sobran… pero lo cierto es que no son tantos, es más, no son más de los que suele haber en todo grupo humano, el problema más que en el exceso de villanos está en el exceso de mediocres que, por su mediocridad y falta de talento, ideas y criterio, se dejan dirigir por ellos; esta certeza me llevó incluso a escribir un libro porque un artículo de opinión se me quedaba corto en caracteres para explicarlo: Maleducados.

Y ahora que sabemos que no sobran villanos sino mediocres, vayamos a los héroes ¿dónde están? No están, y lo que es más grave, no se los espera ¿por qué? Porque un héroe es algo más que un tipo audaz o con arrojo, es alguien con principios, valores, valor e ideas y sacar algo de eso de un grupo en el que predomina la mediocridad es difícil, más cuando quien pudiera tener hechuras de héroe sabe que la masa mediocre caerá con todo sobre él porque no soportarán la comparación.

Ya tenemos montado nuestro drama con nuestros mediocres actores y, para que nada rompa la evolución del relato, le añadimos a la historia todos los perejiles que pudiera necesitar ¿que se dice hoy una cosa y mañana se defiende la contraria? Eso sería letal para cualquier grupo político en un entorno normal, en uno trufado de ideología y sectarismo no es así porque se impone el discurso de que los míos son los buenos y lo que digan los míos está bien mientras que lo que digan los demás… ¿es el mal y es mal? Eso piensan los más sectarios pero no todos los actores políticos y sociales han caído tan bajo, en cambio el mal sigue ganando ¿por qué? Eso también nos lo explicó Orwell a través de la neolengua: si hablamos del bien y del mal tendemos a ver el mundo en blanco y negro pero al final resulta imposible que no destaquen los grises, un ejemplo: la violencia es mal pero si la ejerzo para defenderme de un tipo que trata de violarme en un portal ¿sigue siendo el mal? No, es defensa propia aun sin dejar de ser violencia, por eso Orwell en su neolengua no hablaba del bien y del mal sino del bien y del no bien, todo lo que no es el bien es el no bien, aunque no sea mal, de este modo el acomodamiento en un grupo bajo la bandera del bien se vuelve casi inexpugnable.

Recapitulemos: tenemos a nuestros villanos, a nuestros héroes escondidos quién sabe donde, un relato trucado en marcha… ¿y qué sucede entonces? Entonces sucede que se confirma aquello que advertí hace años: no los conocéis, no sabéis quiénes son ni entendéis para qué han venido. Y ahí sí hablaba de los nacionalistas y del germen regionalista que han sembrado en España.

La demostración más palmaria de lo certero y destructivo del planteamiento nacionalista la vivimos estos días y sucedió de esta manera:

El PSOE anuncia una quita de la deuda de Cataluña con el FLA de 15.000 millones, lo que no supone que alguien en algún rincón perdone a España tal deuda sino que ésta se reparte entre en el resto de españoles, tan es así que el propio Junqueras confirmó que eso será tanto como meter 2000 euros en el bolsillo de cada catalán y Rosa Díez calculó que supondrá por tanto quitar 840 del bolsillo de cada español. ¿A cambio de qué? A cambio de nada. ¿Y cuál fue la reacción del resto de regiones que son, todas ellas, las agraviadas? Pues esa misma, la propia del agraviado… salvo una excepción, Madrid, curiosamente la más agraviada de todas:

Lo que sucedió fue que saltaron todos los presidentes regionales preguntando qué había de lo suyo, algunos pidiendo que el porcentaje de quita de la deuda a aplicar en Cataluña (un 20% que supone los 15.000 millones en total o 2000 euros para cada catalán) se hiciera extensible a todas las regiones, como si no supieran que dado que el nivel de endeudamiento de cada región con el FLA es diferente (algunas como Madrid no deben nada al FLA) hacer extensivo ese 20% no haría más que ahondar en la injusticia; otros pidiendo café para todos y en el fondo todos ellos, tanto los de derecha como los de izquierda, dándose golpes de pecho frente a sus votantes regionales en plan Cid Campeador. Sólo un dirigente regional, sólo uno, tuvo la lucidez de decir lo que había que decir:

‘Sabiendo que es la Comunidad de Madrid es la que más aporta y la más perjudicada económicamente, no quiero que los españoles empecemos a mirarnos dividiendo España en territorios como se hace tan burdamente para hablar de lo mío contra lo de los demás, si empezamos a reclamar miseria, multiplicaremos la misera.

Lo que tiene que hacer ahora cada votante socialista, cada político, es decidir qué nación quieren y yo desde luego abogo por un país unido, de ciudadanos libres e iguales ante la ley, las oportunidades de lado a lado y no que se reparta la miseria que nos quieren trasladar aquellos que quieren romper con España únicamente para mantenerse en el poder un tiempo más.

Yo desde luego entregar el poder a gente que ha robado, a violentos… no los quiero indemnizar, no quiero mirar para otro lado ante lo que está pasando; para mi el fin no justifica los medios, que es lo que nos están diciendo: con tal de que no gobierne el Partido Popular, que ya gobierna de hecho en 12 comunidades autónomas, es decir, para negar la existencia al otro, para que no haya pluralismo político, para que solo un proyecto totalitario esté en el poder, vótenme a mi haga lo que haga, diga lo que diga, aunque cambie de criterio cada día, eso es miseria política.

No sé que opina el resto de los socialistas y de los votantes, nadie les consultó nada de esto, todo lo contrario, y ahora están viendo como pretenden desguazar España; creo que cada uno tiene que asumir su responsabilidad, tampoco creo que trocear la red ferroviaria o infraestructuras básicas del estado que tienen que nacer desde la seguridad, creo que trocear nada de eso sirva para nada así que creo que no es una cuestión de compensar sino de destruir la economía y la credibilidad de España ¡qué imagen ante el mundo vamos a dar un país que se condona a sí mismo y trocea miseria y deudas! ¿qué credibilidad vamos a tener? Así que yo pido que no caigamos en el primer error, en el ¿qué hay de lo mío? porque es lo de todos’.

No necesitamos a un héroe griego ni romano, menos aún bruselense, tampoco a un Cid Campeador ni mucho menos a un loco Quijote, lo que necesitemos es que el apego a la realidad de Sancho se imponga, una realidad que se resume en más de 40 años de convivencia en democracia, con sus luces y sus sombras, pero en paz salvo por la participación en ella del terrorismo (saldamos esa cuenta tras confabularnos todos alrededor de Ermua y hoy nos pasan una factura que no debemos… nuestra cuenta pendiente con las víctimas y con quienes han estado siempre frente al terrorismo consiste en no pagarla).

Si pegamos los pies al suelo, a nuestra realidad, dejando de creernos que la alternancia política es dictadura en lugar de democracia y libertad, en lugar de ver el odio en el que piensa distinto sin atisbarlo siquiera en aquellos a los que se les escapa por el brillo de los ojos, por la boca y hasta por los poros de la piel (para los despistados: son los nacionalistas, no digamos ya los que son además independentistas y terroristas), si hacemos eso, no aceptaremos, en modo alguno, una ley de amnistía que no sólo borra delitos y condona deudas sino que pone a la casta política por encima de la ley. No es no y nunca es nunca, que diría aquel…

Una pequeña reflexión final: quienes fueron protagonistas de la España previa a Zapatero y Rajoy (uno por acción y otro por inacción y acción errada, padres del desastre que vivimos) nos deben algo a todos los españoles, nos lo deben porque ellos tomaron decisiones que han facilitado el camino guerracivilista y totalitario que nos ha llevado a nuestra democracia al despeñadero en el que está, el uno acabó con la división de poderes y el otro no arregló el desaguisado y ambos gobernaron con el refrendo de mayorías absolutas; son expresidentes, están en el Consejo de Estado y si tienen que quemar el prestigio que un día tuvieron tendrán que hacerlo ¿cómo? Ciertamente no lo sé, supongo que ellos, por su experiencia de gobierno y por las cohortes de asesores a los que pueden todavía llamar lo sabrán mejor; a ambos los he oído hablar claro últimamente pero creo que nos deben más; hace no mucho defendí en cierto a modo Page cuando le espetó a Feijóo, con razón, ‘no somos la solución a tu incompetencia política’ pero ahora es a él a quien le toca, tal vez, demostrar que no es un político más aquejado de incompetencia política y para hacerlo debería contar, como poco, con el apoyo de González. ¿Estoy pidiendo la implosión del PSOE? No. O sí. Sinceramente me importa un bledo, me importan un bledo los partidos políticos, son sólo herramientas, lo que estoy pidiendo es que no permitamos que despeñen nuestra democracia montaña abajo, que no dejemos de estar todos sometidos al imperio de la ley, de ser todos iguales ante la ley. Y, ya puestos, que no nos roben o, al menos, que no los amnistiemos por hacerlo.

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