En una noche pavorosa el holocausto se hizo carne de niños muertos en la tierra prometida, el dolor cayó como un rayo justiciero sobre las almas en pena y los gritos de las madres muertas atronaron el cielo. La tierra se hizo infierno y la mentira palabra, el terror se hizo hombre y el dolor infante, el odio nublaba conciencias y acallaba razones vestido con los ropajes de la propaganda y de los cuentos chinos, de las mentiras viejas remendadas para ocultar verdades nuevas: un nuevo holocausto asolaba la tierra. Los vientos del odio soplaban más allá del faro de occidente y Europa olvidaba que era hija de Grecia, de Roma y del Dios de Israel, la civilización se disponía a caer indigna ante la barbarie. La belleza de Grecia palidecía, la justicia de Roma callaba, el Dios de Israel moría de nuevo a manos de los hombres… y el mundo seguía girando.