Cuando en una conversación cualquiera dejas caer la palabra ‘autoridad’ descubres que la primera acepción que da el diccionario de la RAE para ella parece ser la única conocida: ‘Poder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho‘, dicho de otro modo, el que manda por las buenas o por las malas. Claro que la RAE da nada menos que seis acepciones más ¡seis! para esta interesante palabra…
– Potestad, facultad, legitimidad
– Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por – su calidad y competencia en alguna materia
– Persona que ejerce o posee cualquier clase de autoridad
– Solemnidad, aparato
– Texto, extensión o conjunto de expresiones de un libro o escrito, que se citan o alegan en apoyo de lo que se dice.
La autoridad no la ejerce alguien por el mero hecho de mandar, se puede dar el caso, qué duda cabe, nos sobran dictadores y aspirantes a serlo en demasiados ámbitos y también gentes de imaginario simple que encuentran en el ordeno y mando la manera de no complicarse la vida (escuchar, leer, pensar, razonar… es muy cansado); pero esa no es la autoridad interesante, la autoridad interesante es la que se ejerce por potestad, facultad y legitimidad, la que reconoce a alguien su competencia en la materia que fuere ¿ejemplos? Los hay a montones:
La autoridad en un edificio durante un incendio la tiene el bombero, en caso de urgencia médica, el médico, a la hora de confeccionar una dieta, el nutricionista, si queremos hacernos un vestido a medida, el modisto o diseñador elegido para tal fin, si queremos comprarnos un coche, ese amigo que sabe lo impensable de coches, si buscamos un libro para regalar a un adolescente, el librero, si queremos entender el conflicto en Oriente Medio, un historiador experto en la historia de esa zona del mundo, si buscamos la mejor receta para preparar una tarta de calabaza, un chef… Y así podríamos seguir sacando ejemplos de la chistera durante horas pero lo cierto es que no hacen falta más porque con estos es suficiente para que se entienda algo tan sencillo en fondo y forma como que la autoridad la tiene, y tiene por tanto el derecho a ejercerla, el que sabe.
Esa y no otra es la razón por la que el profesor es quien tiene, o debería tener, la autoridad en el aula y esa es también la razón por la que los padres tienen, o deberían tener, la autoridad en casa (que es el modo sencillo de decir que son quienes tienen autoridad sobre sus hijos en general y sobre la educación de sus hijos en particular).
Pero sucede que, como al hablar de autoridad pensamos en el policía corrupto que, abusando de su poder, detiene por las bravas a un pobre desgraciado que robaba una barra de pan presa del hambre y no en la autoridad como el valor positivo que es cuando se refiere a la autoridad obtenida por la competencia en una materia, denigramos el concepto en su conjunto sin ser conscientes del desastre que supone tamaño disparate:
Limitamos la autoridad de la policía para que no avasallen al pobre que roba por hambre y necesidad sin darnos cuenta de que lo que estamos haciendo es limitar la capacidad de acción de la policía para defendernos en cualquier circunstancia; limitamos la autoridad del profesor luchando contra el arquetipo de profesor terrible de los que zurraban con la regla a los niños o tiraban de las coletas a las niñas sin darnos cuenta de que dejamos sin autoridad al profesor sabio y solvente que, sin el reconocimiento de su autoridad, no logra hacerse con la clase e impartir su materia; y dejamos sin autoridad a los padres recortándola a golpe de ley, de ideologización de los currículos educativos y de mil acciones más ejercidas desde diferentes estamentos tanto públicos como privados, sin darnos cuenta de que lo que estamos haciendo es dejar a los niños muy solos y muy perdidos… muy libres, dicen algunos, pero sin anticuerpo intelectual alguno contra quienes pudieran tratar de hacerse con su voluntad.
Borrar del mapa a la autoridad competente, insisto, deja a los niños muy solos desde su infancia, cuando son todavía muy inmaduros y no tienen anticuerpos intelectuales de ninguna clase; claro que los niños no dejan de ser niños aunque los tratemos como si tuvieran ya la madurez de un adulto, es más, ni tan siquiera dejan de ser niños cuando parece que ya no lo son, la biología tiene sus tiempos, que no son tasados ni cerrados pero que tampoco cambian sustancialmente de una generación a otra; los niños necesitan orientación, guía, referentes… y necesitan seguridad, la seguridad que da siempre el ejercicio de la autoridad por parte de quien corresponda; si carecen de guía alguna, es decir, del referente que marca siempre la autoridad, buscarán alguno por su cuenta, será alguien que ejercerá esa autoridad que hemos robado a padres y profesores y lo hará para llevar al rebaño al prado que más le convenga.
Los padres y los profesores son las autoridades competentes en educación, nadie está más ni mejor preparado para ejercer su influencia sobre los niños que ellos (y no divaguemos con que hay padres terribles y profesores pésimos, hay de todo en todas partes pero esa no es la cuestión).
La cuestión es que los niños deben aprender a respetar la autoridad de sus padres en casa porque son quienes los cuidan, guían su proceso de crecimiento, los quieren más que nadie y buscan siempre lo mejor para ellos; deben también respetar la autoridad del profesor en el aula no sólo porque es quien más sabe de la materia que imparte sino porque sabe también tratar con ellos, enseñar, educar y ayudarles en cualquier asunto que pueda suceder en el ámbito escolar.
Si los niños no aprenden a respetar la autoridad de sus padres y sus profesores tampoco respetarán la autoridad de la policía en la calle o del bombero en el incendio… o si lo hacen lo harán por miedo y del mismo modo se someterán a una autoridad falsa y fake, a la del dictador de turno porque el problema de fondo, el profundo, el que no estamos viendo, es que al no respetar el principio de autoridad en ningún ámbito lo que estamos haciendo es faltar al respeto a quienes ostentan esa autoridad por derecho y alejándonos de la civilización, acercándonos a la barbarie…
Quienes por derecho y competencia ostentan autoridad son los que saben de la materia acerca de la que son autoridad y cuando los despreciamos a ellos estamos despreciando a la élite real, y muy necesaria, que hace evolucionar a la sociedad ¿qué nos queda entonces? Nos quedan los expertos… que son los que ejercen una autoridad que no tienen.