A quienes tenéis un blog desde hace tiempo esta historia os sonará: lo abrís, vais a las entradas en borrador y os aparecen unas cuantas que un día se os cruzaron por la cabeza y se quedaron ahí, sin escribir. ‘El problema es que elegimos partido o ideología y no principios, ni valores y así nos va…’. Ese es el título que guardé en una página en blanco de este blog en 2021 y cuando me lo he encontrado no he podido hacer otra cosa que escribir lo que debí escribir hace dos años.
Cuando eliges partido, o lo eligen por ti si eres de los que sigue la saga política familiar y te enorgulleces de votar lo mismo que votan tus padres y tus abuelos, sucede que la vida es más cómoda; no tienes que informarte de nada, contrastar nada, no tienes ni siquiera que pensar ¿qué dice el portavoz de tu partido? Ahí tienes tu argumentario… Y lo cierto es que en tiempos de paz y tranquilidad en los que los extremos son meras anécdotas y la diferencia entre conservadores y progresistas es la que va de un socialdemócrata moderado a uno poco más elocuente, este planteamiento hace de su comodidad confort, zona de confort, y te sirve.
Pero sucede que los tiempos de paz y tranquilidad son la excepción histórica, lo más habitual es que antes y después de ellos tengamos que transitar por tiempos de incertidumbre e inquietud en los que los extremos son algo así como los pescadores en río revuelto y es entonces cuando, al empeñarte en seguir viviendo en esa zona tan confortable en la que te instalaste un día, te ves defendiendo atrocidades… pero no te das cuenta porque estás en tu apacible zona de confort y es el resto del mundo el que ha perdido la cabeza, tú no.

Otra cosa sucede cuando primero eliges principios y valores y después partido; en los tiempos de paz y tranquilidad no importa demasiado, también tú te instalas en una zona confortable y no necesitas mucho más que lo que dice el portavoz de los tuyos pero cuando los tiempos se revuelven ¡ay amigo! El suelo tiembla bajo tus pies cuando ese mismo portavoz traiciona los principios y valores que te llevaron a él y te quedas sin zona de confort… no es que los que eligen partido siempre tengan zona de confort ¡qué va! Es solo que no se dan cuenta de que la han perdido, viven en un cuento, en un relato… en una distopía cualquiera como la de 1984, Un Mundo Feliz o Farenheit 451.
Cuando elegimos principios y valores (y no nos hacemos trampas a lo Groucho Marx guardándonos otros en el cajón por si nos hicieran falta) nos vemos en la obligación de informarnos, de contrastar lo que nos cuentan, de alimentar nuestra opinión con verdad… y de mandar al carajo a quienes pretenden encerrarnos en una falsa zona de confort haciéndonos renunciar a nuestros principios y valores sin darnos apenas cuenta.
Mi pregunta es sencilla y va dirigida a quienes estuvisteis conmigo en una playa dominicana, en silencio e incluso rezando, con al esperanza de que Miguel Ángel Blanco fuera liberado vivo, a quienes llenasteis las calles de manos blancas en aquellos días; a quienes os temblaron las piernas viendo la Lista de Schindler y La Ola; también a quienes os concentrasteis en Barcelona en 2017 contra el independentismo, a quienes escuchasteis e incluso aplaudisteis a Borrell a pesar de que os afeó querer mandar a Puigdemont a prisión… A todos vosotros que estabais en el mismo sitio en el que hoy seguimos tantos: contra el terrorismo y la barbarie, contra la malversación y la corrupción, contra los que buscan imponer su delirio a cualquier precio, con la civilización y la ley, con la concordia y el respeto a los demás, con la libertad y la igualdad… ¿dónde estáis hoy? Pensadlo un poco… porque si sois de los que elegisteis partido o ideología en lugar de elegir principios y valores cabe la posibilidad de que os hayan cambiado de bando y estéis hoy justificando el perdón a políticos condenados por corrupción y/o sedición, el reconocimiento de privilegios a unas regiones sobre otras o la connivencia con quienes justifican el terrorismo y celebran a sus verdugos.