Niños empantallados, educación empantanada.

Titulando así, niños empantallados, educación empantanada, parecerá que voy a hacer un alegato en contra de las pantallas, esas grandes enemigas… pero no es así, las pantallas son lo que son, forman parte de la vida de nuestros hijos porque nuestro mundo es hoy digital y tecnológico tanto si nos gusta como si no es así (y, reconozcámoslo, nos gusta ¿o estarías dispuesto a renunciar al aspirador, la lavadora, la freidora de aire, el coche híbrido sino eléctrico… porque todo eso, en diferentes momentos de los tiempos modernos, lo ha traído la evolución tecnológica); es más, hace no mucho tiempo las pantallas fueron nuestras grandes aliadas, también de nuestros niños, porque gracias a ellas mantuvieron el contacto tanto con el colegio como con los amigos aliviando así un confinamiento inesperado como lo fue el que sufrimos por la pandemia de COVID 19; ahora bien, que las pantallas en sí no sean el enemigo no las convierte en solución de nada, es más, si las confundimos con un juguete o con una herramienta educativa esencial, se convierten en un problema porque no son lo uno ni lo otro.

El primer mito que hay que desmontar acerca de las pantallas es el que habla de su ‘uso responsable’ porque, si hablamos de niños, no cabe hablar de uso responsable ¿o dejarías a tu hijo en una tienda de chuches diciéndole que consuma ‘con responsabilidad’ y te irías tan tranquilo? No lo harías porque sabes que al peque se le iría la mano con los chocolates y las gominolas y el momento indigestión estaría garantizado; los niños no son responsables, lo somos los padres.

Las pantallas no son juguetes pero forman parte de la vida de los niños y eso significa que nos toca administrar su uso; no hablo de cuándo ni cuánto pueden los niños utilizar la pantalla, ese enfoque es otro de los mitos a derribar, sino de algo mucho más sencillo, de impedir que las pantallas ocupen partes del universo infantil que estaban magníficamente ocupadas por los juguetes, el tiempo de parque… y los cuentos, los libros.

Las pantallas no sustituyen a los cuentos, a los libros ni a los juguetes, son una herramienta más, algo más que los niños pueden usar pero sin desplazar todo lo anterior ¿por qué? Porque un niño que no juega con cuentos es un adolescente que no lee, uno cuya comprensión lectora es mala incluso en su lengua materna, lo que dificulta su proceso de aprendizaje y, finalmente, su capacidad para entender el mundo.

Hablando de libros y pantallas ¿tiene sentido cambiar los primeros por las segundas en lo que a los libros de texto se refiere? En infantil y primaria rotundamente no, de secundaria en adelante tengo alguna duda (sólo alguna, basada principalmente en el hecho cierto y éste sí inevitable, de que cuando los adolescentes preparan un trabajo no lo van a hacer con la enciclopedia ni en la biblioteca sino en internet, con o sin wikipedia; es decir, los adolescentes sí usan las pantallas como herramienta educativa lo que significa que hay que enseñarles a usarlas… que sean nativos digitales hace que le tengan menos respeto a la tecnología y que la usen con más soltura pero no logra que la usen mejor, a eso se aprende… si te enseñan).

Si empantallamos a los niños empantanamos su educación, cuanto más y cuanto antes los empantallemos más empatanamos su educación ¿significa eso que hay que renunciar a las pantallas? Bonito estaría dejar a los niños sin los dibujos animados, tan bonito como está dejarlos sin cuentos ilustrados… No. Significa que hay que hacer realidad eso del uso responsable de las pantallas, que los padres tenemos que evitar que el tiempo de pantallas se coma tiempo de otros juegos, parque o cuentos en primer lugar y en segundo lugar, y si cabe más importante, tenemos que evitar que las pantallas se conviertan en una puerta trasera en la educación de nuestros hijos que deje pasar formas, maneras y contenidos que la vician y la anulan.

Y es que más importante que cuánto tiempo pasan o no nuestros hijos frente a las pantallas es qué dejan de hacer por estar frente a la pantalla y qué hacen frente a la pantalla.

Estamos a punto de volver al cole… sugiero que no empantanemos la educación, es decir, que no la empantallemos.

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