Cuando los días de agosto van cayendo ya por encima del 20, comenzamos a pensar en la vuelta al cole… y en las ganas que tenemos de que llegue porque el asilvestramiento veraniego de los niños está ya en su estado más tórrido, dicho en palabras llanas, los niños están insoportables; ahora bien, cuando ya sentimos septiembre encima, llega el momento de pensar en los uniformes, las mochilas, los libros, el material escolar… y sentimos más pereza ante la vuelta al cole que los propios niños. Claro que todo esto es humano y comprensible, lo importante viene después.

Los primeros días son una fiesta pero no todo diversión: los profesores van de cabeza cerrando horarios y ajustando clases, los niños llegan dormidos y, cuando despiertan, tienen más ganas de patio que de clases ¡además todavía hace sol y calor!
Poco a poco los horarios y los atascos se van ajustando, la rutina se va imponiendo, los niños caen rendidos más temprano y se despiertan con mejor cara, ya estamos en octubre, las extraescolares ya nos completan el horario y la vida es ya el sinvivir caótico a la par que rutinario de siempre. Y entonces corremos el riesgo de dejarnos llevar…
Corremos el riesgo de dejarnos llevar y tragarnos mentiras como que esa que dice que es normal que los niños no lean o que son más importantes las clases de lengua inglesa que las de lengua y literatura española, que tienen que estudiar algo que tenga salida, como si supiéramos como será el mundo en 20 años y qué tendrá o dejará de tener entonces salida, y como si las capacidad y habilidades de cada niño no fuesen importantes, como si fueran de verdad todos iguales, todos cortados por el mismo patrón.
¿Eres de los que cree que esas afirmaciones por las que nos dejamos llevar son verdad? Aquí te espero, compañero del metal… Y aquí, claro.