La importancia de la educación (y la de llamarse Ernesto).

La importancia de la educación es tanta como la de llamarse Ernesto, es decir, toda o ninguna, según se mire o, por ser más exactos, según quién mire: cuando vemos cómo y cuánto le importa la educación a los gobiernos que hacen y deshacen leyes educativas cuyo fin no es nunca la educación misma sino la ideologización y, con suerte, la formación práctica, es inevitable pensar que ojalá la educación les importara menos; en cambio cuando vemos a padres y educadores ajenos a la importancia de su labor, dejándose llevar por esas leyes educativas criminales, siendo no sólo víctimas de ellas sino dejando que lo sean sus hijos y convirtiéndose en cómplices de su perdición… entonces pensamos que ojalá la educación importara más.

La verdad desnuda, la que queda tras el ruido y la furia de las huelgas estudiantiles y tras los días de vino y rosas de la complacencia con el desastre, es que la educación no importa ni puede importar por la sencilla razón de que hemos olvidado qué es la educación y para qué sirve; de esa ignorancia nuestra se sirven los políticos de turno para convertir la educación en una más de cuantas herramientas usan para asirse al poder y no soltarlo, para quedarse amarrados a él o bien porque las urnas se lo permiten o, de no ser así, porque la estructura de poder soterrada que han creado mientras estaban en lo alto de la pirámide, los provee de sueldo, sustento y altavoz para seguir a lo suyo.

Y todo esto sucede por una única razón: hemos olvidado cuál es el fin de la educación, cuál es su objeto. Y de eso se aprovechan. Si nos diésemos un golpe en la cabeza y lo recordásemos de repente, si viésemos como por inspiración divina lo que la educación, la buena educación, puede hacer de nosotros, a los políticos les bastaría mirarnos de lejos un momento para sacarse de la chistera una ley educativa decente porque sabrían que, de no hacerlo, se irían inmediatamente al carajo.

Me imagino las respuestas… esperas que tus hijos aprendan algo, para empezar a leer, a escribir y a continuación a sumar y a restar; de ahí en adelante todo lo demás; sobre todo quieres que aprendan inglés y te interesan las clases de matemáticas y física porque el futuro será tecnológico y se escribirá en inglés, eso además del deporte que es esencial ¡cómo no va a serlo si lo era ya en la Antigua Roma!. 

La verdad, compañero del metal, es que ni tú ni yo, ni nuestros ilustres Ministros de Educación sabemos cómo va a ser el mundo en el futuro: en cuanto al idioma en que se escribirá… lo hará en todas las lenguas vivas del globo ¿te inquieta la incertidumbre? ¿no soportas la idea de no saber qué necesitarán tus hijos, qué has de enseñarles para que lleguen a ser directores generales? Ese no es el problema… el problema es que crees que ese es el problema (o que no ves problemas por ningún lado, claro).

Cuando la Revolución Industrial transformó el mundo el hombre tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos con sus nuevas oportunidades, también hubo entonces quienes temían a los cambios y trataban de huir de ellos, es más, hubo quienes proponían negar aquel progreso al ser humano (ludistas, se llamaban); la experiencia nos dice que negarse a los cambios y a las transformaciones en lugar de adaptarse a ellos sólo nos lleva al fin de las especies… Pero no estamos aquí para hablar de Darwin sino de educación.

La Revolución Tecnológica no está siendo menos transformadora que la Industrial, es más, me atrevo a decir que es más brutal: los cambios en los modelos de trabajo llevaron a cambios de modelos sociales entonces, ahora llegan todos los cambios juntos a y la vez, revueltos y hechos potaje caen como lluvia fina sobre el mundo y sus sociedades; y la lluvia fina cala, no digamos ya cuando jarrea como puede llegar a jarrear cuando la IA sea algo más que eso de lo hablan los periódicos…

¡Cuánta incertidumbre! Hay que educar a los niños para el cambio climático, para los nuevos modelos de familia, para un mundo robótico, para la IA, para… Y con esa sana intención de educarlos para el mundo que les viene encima, aun sin ser capaces ni tan siquiera de imaginar como es, los maleducamos.

Olvida el futuro que desconoces y el presente que te inquieta y vuelve a pensar en qué esperas que haga la educación por tus hijos… desecha tus ideas pragmáticas basadas en hechos inciertos y ve a la esencia de las cosas, piensa, mira a tus hijos y piensa cómo quieres verlos dentro de 10 o de 20 años: si logras completar este ejercicio te darás cuenta de que esperas ver a un ser humano hecho y derecho, noble y educado, respetuoso con los demás y consigo mismo, un tipo perspicaz y capaz, que sabe distinguir a los vendedores de humo de los inteligentes, alguien que piensa y razona, que trabaja, que sonríe, que aprende cuando no sabe, que resuelve problemas complejos sin aspavientos… Porque si estás viendo a alguien así, estás viendo a alguien preparado para la vida, sea la vida como sea en los tiempos futuros.

Y ahora te pregunto ¿la educación que están recibiendo tus hijos es así? Dicho de otro modo ¿estamos educando ciudadanos libres, capaces y perspicaces u ovejas de uno u otro rebaño? Si estás entre la risa floja y el llanto estás en un buen lugar para empezar a cambiar el sino de tus tiempos y el futuro de tus hijos… porque ya lo dijo Errejón, la meritocracia son los padres; lo que él calló, el muy bribón, es que el depositiario de la meritocracia no es tu cuenta bancaria sino la importancia que das a la educación de tus hijos que es, ya sabes, como la de llamarse Ernesto, mucha o poca, depende.

Un comentario

  1. […] Ahora bien, si los niños saben hablar y han aprendido a leer y escribir ¿dónde está el problema? En la comprensión lectora, que no se basa en que sepan o no leer sino en que entiendan lo que leen; la comprensión lectora, que es la capacidad de entender lo que se lee y es mejor cuanto mayor es el vocabulario que una persona maneja; la importancia de este punto es brutal porque afecta a todo el proceso de aprendizaje, incluso en edad infantil: un niño de 3 años que maneja un vocabulario de 1000 palabras cuenta con una base y una serie de herramientas para desarrollar su aprendizaje mayor que un niño que llega a primero de infantil con un vocabulario de 800 palabras; dicho de otro modo sencillo: cuanto mayor sea el vocabulario que maneja un niño, más fructífero será su proceso de aprendizaje. […]

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