Hay lugares que sobrecogen por su elegancia y su belleza, por su magnificencia, por su ubicación, por tanto como nos sorprenden… recuerdo el placer de girar una calle siguiendo el sonido del agua y la evocación del síndrome de Stendahl ante la repentina visión de la Fontana de Trevi iluminada; o la impresión de ver una pintura de Rafael ante mis ojos después de haberla visto en el examen de Selectividad; o las vistas infinitas desde lo alto de la Torre de Hércules, el fin del mundo conocido en otro tiempo; o la intimidante sensación de pisar la arena del desierto sin ver alrededor nada más que arena y más arena, un desierto sin fin; o el profundo deseo de abandonar Douz al descubrir, por la mañana, como durante la noche el desierto habían mandado su legión de arena a conquistar la ciudad; o la curiosidad infinita de pasear por la Torre de Londres con sus mazmorras y sus cuervos; o la inquietud de pasear por una cancha de juego de pelota maya sabiendo que allí quien perdía moría; o… y así podríamos seguir recordando lugares cuya impronta ha quedado ahí, en el fondo de la memoria, entre los recuerdos, por la honda impresión que me produjo verlos, lugares como la Biblioteca Laurentina, que es la Biblioteca del Monasterio de El Escorial.

El silencio, el suelo, el techo, los libros… nada aquí escapa a la admiración y es que cuando la paseas lo haces sabiendo que estás recorriendo una biblioteca fundada en el S.XVI por Felipe II y en la que se conservan más de 40.000 volúmene, 600 incunables y más de 7.000 grabados; el saber que allí se guarda es la propia historia de la humanidad, una historia libre de hackeos y escraches.
El lugar de esta Biblioteca en el que entrarás y del que no querrás salir es el Salón Principal o Salón de Frescos, tan famoso por las librerías diseñadas por Juan de Herrera que se suceden en sus laterales como por los retratos de personajes históricos, instrumentos cinetíficos, mapas, esferas, astrolabios… y todo un animalario e imágenes naturales que lo decoran.
No sé si es por los ebooks o porque leemos menos, pero lo cierto es que las Bibliotecas son casi como los museos, lugares que uno visita con el ánimo de verlos y mirarlos, nunca con la intención de tocar nada, ahora bien, la importancia de las bibliotecas sigue siendo mayúscula porque nos recuerdan que el mundo creció y avanzó antes de que lo hiciera la tecnología, que el hombre era y es quien movía el mundo y que la tecnología, por inteligente que sea, no deja de ser un invento humano y por tanto todo lo qu ella haga por la humanidad, lo bueno y lo malo, lo estará haciendo la humanidad misma.
Pero no estamos hablando de la obsolescencia programa del libro que se niega a morir (y por eso no morirá) sino del placer de pasear un lugar histórico que huele y sabe a libros, a saber, a historia, a ciencia… a vida, lugares como la Biblioteca Laurentina, la biblioteca renacentista de El Monasterio de El Escorial.
El Salón Principal, o Salón de Frescos, decíamos, es un lugar inolvidable, magníficamente iluminado gracias a sus cinco balcones con vistas al Patio de los Reyes y sus siete ventanas con vistas a la Lonja de poniente; allí se guardan los libros impresos y antiguos, entre globos terráqueos, astrolabios y otros útiles científicos.