¿Por qué cae el impostor en la impostura incluso cuando no es necesario hacerlo? Intuyo que la impostura debe tener algo adictivo y debe ser también contagiosa, sino sería difícil entender el modo en que chapotean en ella nuestros denostados políticos.
Pedro Sánchez y Alberto Nuñez Feijóo. Imagen de COPE
Cuándo Sánchez decía aquello de que lo de los catalanes era rebelión o que traería a Puigdemont a España para que fuera debidamente juzgado, algunos ya sabían que lo suyo era impostura, otros lo supieron más tarde y quienes a día de hoy no son conscientes de ello es sólo porque no hay más ciego que el que no quiere ver. Ahora bien, aquella impostura, mal que nos pese a muchos, tenía sentido, había que ganar unas elecciones y convertirse en un impostor para lograrlo no es un peaje impagable para quien sabe hacer de la impostura su forma de vida.
Además, cuando uno se acostumbra a vestir la realidad con el relato de la impostura y recrear futuros utópicos no puede soportar verla cuando se muestra desnuda ante él y ante el mundo porque verla tal cual es sería admitir su propia impostura, admitirse impostor; por eso la viste entonces con los harapos de la distopía porque su realidad vestida de impostura ha demostrado ser, en el mejor de los casos, sólo una utopía (cuando no una mentira…) y, dado que toda utopía es irrealizable por definición, solo puede convertirse en distopía cuando el impostor se empeña en insistir en ella.
Hasta aquí el uso de la impostura pero ¿por qué el abuso? Porque ponerse a citar poetas que le son desconocidos cruzando los verso de uno con los del otro o inventar lugares de nacimiento para poetas ilustres de nuestra literatura es un abuso innecesario de la impostura ¿a cuántos de los militantes que escuchan paciente y ciegamente al líder negándose a ver las costuras de su impostura les importa si éste lee a Gil de Biedma o a Blas de Otero? ¿cuántos saben de hecho quienes eran Gil de Biedma y Blas de Otero? ¿Y cuántos los han leído?
¿Qué necesidad había entonces de esa impostura? No aporta nada ante sus fieles que lo querrán igual si describe al Quijote viéndoselas con aerogeneradores en la Sierra de Albarracín que con los molinos clásicos en las tierras de la Mancha; no aporta nada ante quienes, a la vista de tanta impostura, callan pero otorgan y menos aún ante quienes ni callan ni otorgan, no digamos ya si nunca fueron fieles. Lo único logrado ante el alarde de cita cruzada es verse, en la foto real (que no en la distópica) tan impostor como siempre, más impostor que nunca.
Pero no había mejor fin de semana para excederse con la impostura que este porque, al fin y al cabo, más impostor si cabe se había mostrado su contendiente… porque lo de hablar de Orwell como un señor que publicaba obras en 1984 no es excederse en la impostura, es de aurora boreal porque la obra de Orwell, en lo que tiene de literatura política, está íntimamente ligada a la época en la que vivió y por tanto confundir en décadas la publicación de su obra es reconocer no haberla leído o haberlo hecho como las vacas que miran al tren, sin ubicarla en su tiempo y por tanto sin entenderla.
¿Y qué necesidad había ahí de impostura? ¿A cuántos fieles conservadores e incluso liberales de los que todavía quedan en el PP les importa un pito Orwell o si Feijóo lee o deja de leer su obra? Es más ¿cuántos saben quién fue Orwell, qué escribió y por qué lo hizo? Si atendemos a la realidad desnuda, que es Errejón alardeando del marxismo de Orwell ante el silencio de los conservadores y liberales cuando el escritor británico tuvo que huir de la guerra civil española con un tiro en una pierna al grito de ¡cuidado que vienen los nuestros! (no digamos y asi pensamos en otra de sus obras, Rebelión en la Granja, y la crítica brutal al estalinismo que se desarrolla en ella) cabe llegar la conclusión de que a nadie le importa.
Esa es la realidad desnuda, cruda y cruel, a nadie le importa porque los clásicos están más muertos que nunca, porque no escuchamos a Bradbury cuando dijo aquello de que no es necesario quemar libros como antaño, basta con conseguir que no se lean ¡y vaya si se ha conseguido! Ahora los padres incluso asumen que sus hijos no lean como algo normal y natural, son otros tiempos ‘los chavales tienen hoy otros intereses’…
Y entonces ¿por qué tanta impostura? ¿por qué nuestros denostados políticos abusan de ella incluso cuando hacerlo sólo sirve para desvelarlos con más claridad como impostores? Debe ser que es adictiva y contagiosa… debe ser que de verdad se creen su impostura, su mundo feliz, y mientras todos los miramos esperando a que alguien les diga que van desnudos ellos juegan a ser presidentes… y nosotros pagamos la fiesta.
Y todo por no leer…

