La hipocresía y la impostura: de los cortes de pelo revolucionarios a los cánticos ordinarios del colegio mayor.

Si algo ha quedado demostrado esta semana es que somos hipócritas más allá de nuestras posibilidades y mal está si lo somos conscientemente pero es que hay quien ya practica esa hipocresía con fe, creyendo en ella… ¿cómo sino se entiende que frente a la barbarie que sucede cada día y cada noche en Irán, un país donde las mujeres son apaleadas y asesinadas ya no por negarse a cubrirse la cabeza sino por hacerlo mal, nos demos por satisfechas sin decir ni pío y cortándonos media punta de nuestra lucida melena? ¿cómo entender sino que creamos que es el machismo lo que se está normalizando en las sociedades occidentales del S.XXI y no la mala educación?

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A la primera que vi hacerlo fue a Juliette Binoche; al verla cogerse la coleta y meter tijera recordé lo que suele decir Reverte de las velas y las flores que dejamos en los lugares en los que se ha cometido un atentado (que quienes lo han cometido ‘tiemblan’ ante ellas…) pero he de reconocer que, frente al silencio general de tantos respecto a este tema, en especial de tantas ‘miembras’ del movimiento feminista, traté de darle cierto valor simbólico al acto de la Binoche, algo que ya no puede hacer al ver a quienes la seguían… Mujeres cortándose el flequillo o las puntas de un mechón de pelo, con rostro serio y ofendido…

¿No han pensado esas mujeres que resulta imposible no hacer un paralelismo entre aquello a lo que ellas renuncian (las puntas…) y lo que tratan de defender? ¿No se han parado a pensar por qué las mujeres iraníes se cortan el pelo en señal como acto revolucionario? ¿No entienden que detrás de ese gesto y del de quitarse el velo hay una denuncia muy profunda que pone frente al mundo el hecho cierto de que hay culturas que defienden el sometimiento de la mujer?

Hay ciertas cosas que es mejor no hacer si no vas a hacerlas bien; la Binoche no ha salvado ni a media mujer iraní por cortarse la melena pero su imagen haciéndolo es simbólica y representativa, pone el problema real frente a una sociedad que ve a sus políticos callar conniventes con lo que sucede en Irán, hacer como que no ven y hablar del multiculturalismo como si fuese algo naif y no encerrase en las letras que lo definen a la serpiente del sometimiento de la mujer; quien se corta el flequillo, media punta de un mechón o medio mechón perdido entre un corte de pelo irregular, ya no es símbolo de nada, es mero postureo, lo suyo es pura impostura (de las actrices españolas y políticas de medio pelo prefiero ni hablar).

¿Y del show de los colegios mayores de Madrid qué decimos? A mi personalmente lo que más me ha llamado la atención no es la berrea en sí sino la lectura que hacen de ella unos y otras: los chicos berrean (porque a los chicos les gustan las chicas), las chicas responden (porque a las chicas les gusta gustar a los chicos), negar esto es como negar la biología; a continuación sale el mundo moderno en tromba contra ellos y con el ánimo de protegerlas a ellas incluso de sí mismas porque cuando ellas dicen que no pasa nada, que son cosas de chicos y chicas hay que protegerlas incluso del machismo estructural que las oprime sin que se den cuenta. Y yo me pregunto ¿por qué oprimen más las guarradas berreadas por un estudiante en la ventana de su colegio mayor que las que perrea cualquier reguetornero?.

Y no solo eso, hay dos aspectos que me sorprenden y disgustan a la par: por una parte se habla de que el machismo se está normalizando en la juventud ¿se está normalizando? ¿El machismo no estaba normalizado en la sociedad española en los años 50 sino que se está normalizando en la jueventud del S.XXI? ¿Lo dicen en serio?. Y por otra parte ¿nadie se da cuenta de que esa berrea de ser algo es un alarde de mala educación? Tal vez haya quien sí lo piense y dado que la mala educación no se puede prohibir por ley, oiga, hay que aguantarse… porque lo cierto es que nadie parece darse cuenta de lo que grave que resulta vivir en una sociedad que tiene un problema de mala educación y no será porque no nos lo advirtió Antonio Escohotado: una sociedad es rica si tiene educación.

Nos gusta el perreo y el reguetón pero nos ofendemos ante unos cánticos cuya letra no es más ni menos ordinaria ni obscena que las letras perreadas; nos decimos feministas y miramos para otro lado cuando las mujeres iraníes son asesinadas por llevar el velo mal puesto o cuando los violadores son de origen árabe, señalamos el maltrato policial en Estados Unidos o a la policía municipal de Madrid como hizo Pablo Iglesias, pero callamos ante la mera existencia de una policía que se hace llamar policía de la moral…Y así podríamos seguir degranando contradicciones… Somos pura hipocresía, parecemos los puritanos que llegaron a Estados Unidos en el Mayflower o los que obligaron a Hester a llevar la A de adúltera en el pecho* y, mira, cabe que sean sus descendientes quienes están en las universidades americanas creando la incultura woke, que es la madre de todas las hipocresías y de todas las imposturas del S.XXI.

*Hester, protagonista de La Letra Escarlata. Novela de Howthorne.

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