siempre …

Vio entonces la tremenda estampa que representaban los 14 navíos en formación frente a la costa … rodeados ya de las pequeñas embarcaciones que llevaban a los invasores a su playa … hubiera querido apagar el sol, hacer esa noche infinita … ser de verdad la bruja que decían que era, de las que hacen magia blanca o negra … pero allí estaba, frente al amanecer de un día extrañamente claro para ser diciembre, viendo como se fraguaba el fin de los días felices …
Pudo oir y ver a ráfagas el desembarco turco al amanecer … pudo ver a los hombres de Cangas defendiendo su pueblo y su gente armados con su valor y su miedo … y pudo ver,
mucho antes de que la contienda terminara, que estaban perdidos …
Pensó entonces que, si ellos no habían podido frenar a los turcos, ¡qué iban a hacer un puñado de mujeres, ancianos y niños…! salió corriendo como alma que lleva el diablo, sin mirar atrás, sin pensar … mientras dejaba la playa y su vida tras de sí, miró al frente y vio su pueblo … sintió otro golpe de esa certeza que nacía a veces de lo más profundo de su ser … no quedaría nada … sólo el mar que traía su tragedia y el monte frente a ella … el Carballal de Coiro …
Porque todo es monte, todo mar … esas palabras, y la certeza que encerraban, retumbaban en su cabeza …
Tocó cada puerta, gritó en cada calle ¡huyamos! ¡al Carballal de Coiro! ¡ahora! … no veía, no oía … sólo sentía … y sabía que debían salir de allí.
Llegaban del mar y la echaban al monte, de nuevo esa certeza en su cabeza … nada quedaría entre el mar y el monte … sólo un campo de batalla destruido … eso sentía y por eso quería huir llevándose a su gente consigo, porque sabía que de su pueblo non quedaría nada … como no quedaba ya apenas nada de su vida.
No supo quien la seguía y quien no, ni tan siquiera estaba segura de que su nieta y su hija estuvieran con ella … pero ni la una ni la otra se alejaron de su lado desde que golpeó la puerta de su casa y las urgió a huir hacia el carballal … Tampoco oyó los gritos de ¡bruja! que proferían algunas mujeres mayores … también las jóvenes e incluso alguna niña … creían todavía en la victoria, confiaban más en sus hombres que en ella …
La luz y tibieza de un sol de invierno bañaba ya cada rincón del pueblo … y se oía el rumor de gentes acercándose … no había tiempo … huyó con quien quiso seguirla … y derramando amargas lágrimas por los suyos y por quienes había dejado atrás, se adentró en el carballal.
Destrucción y muerte … desolación y miedo …