Divagar: un Faisán vestido en Gurtel, Cuba libre, México lindo

Me indigna leer la prensa … pero no indigna de indignados, ni de 15M, ni de democracia real ya … me indigna de indignar (RAE: «Irritar, enfadar vehementemente a alguien»)
 
Los cruces de declaraciones entre PP y PSOE son insultantes: pretender justificar Gurtel disparando al faisán y pretender justificar el faisán abriendo el armario ropero de Gurtel me parece zafio, inmoral, una falta de respeto a los ciudadanos y un insulto a nuestra inteligencia … Qué poco nivel político nos asiste, qué poca clase, honestidad y estilo … Qué vergonzoso todo … Qué poca vergüenza todos …

Pero no quiero yo vivir indignada, que estamos en julio y lo que toca es cerrar temas para vacacionear … que merecido lo tenemos … Y este año volvemos al norte … como vuelvo y volveré siempre aún cuando me deje caer antes o después por otros rincones del mundo … porque la costa Ártabra con su climatología revuelta, su mar bravo, su crisis perenne … es para mí el descanso del guerrero.

Más allá del ineludible viaje al norte, me ha dado por pensar viajes así, en general … será porque siempre he sido yo de viajar y siempre he viajado menos de lo que me hubiera gustado … y porque el bebé es cada día menos bebé y, con tres añitos ya, y sin necesidad de armarse de pañales y biberones, empieza uno a plantearse volar y navegar de nuevo.

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Y así, ahora que las circunstancias parecen más propicias, recuerdas viajes vividos … unos más y mejor que otros … y algunos meciendo una sonrisa en los labios por aquello de las anécdotas y viéndolos con otros ojos, los del recuerdo, por los contrastes que en tu memoria parecen brillar con más fuerza …

La llegada a La Habana tuvo su «aquel» … porque llegas con tu visado y tu pasaporte … te ponen en fila de «a uno» … y pasas tu solo a un cubículo en el que te espera un militar, de verde de la cabeza a los pies … y te pregunta qué vas a hacer a su isla … Y tú allí, en el cubículo, mirando a la oronda mujer de verde, diciendo que vas de visita, que quieres conocer su Habana, que debe ser maravillosa … y la oronda mujer de verde te mira, te sonríe y te desea que disfrutes tu estancia … Y sales al otro lado, ya estás, oficialmente, en La Habana … y miras hacia otras puertas pensando que más vale que no seas tú la única que haya pasado el examen.

El camino del aeropuerto al clásico hotel de La Habana fue … ilustrativo, cuando menos … fue esa Habana que no sale en los folletos publicitarios, que no se ve en los catálogos de viajes ni en los anuncios de la tele … la de casas no sabe uno si a medio construir o derruir, la de gentes en la calle sin más posesión que su sonrisa en los labios. Y ya en los alrededores del hotel te piden … no dinero, no … te sugieren … si antes de irte quieres dejarte algo de ropa atrás te lo agradecerán enormemente.

Y paseas la Habana vieja … que es bonita, sí … encantadora … a ratos parece detenida en el tiempo y crees poder cruzarte a Hemingway al doblar una esquina … a ratos ves los edificios heridos de muerte, los impactantes camellos, que no son animales ni traficantes no, son autobuses …

 Y de nuevo un hombre de verde, que se te acerca … para aconsejarte con gran educación y respeto, casi reverencia, cómo llevar el bolso … claro que él no sabe que en el bolso poco más que unos pañuelos de papel llevas … y tú lo miras con respeto, al fin y al cabo él es la autoridad, y cuando remata el discurso diciendo algo así como que ellos tienen controlada la situación pero que siempre puedo escapárseles «alguno» te preguntas a quien sirven esas fuerzas del orden … al pueblo no parece la respuesta.
Toca ya dejar La Habana, de vuelta al aeropuerto … México está cerca … vuelo corto … claro que cuando lo contrataste no pensabas que lo harías en una especie de turbohélice de aerogaviota …un pequeño aparato … del estilo de los que vuelan de Madrid a San Sebastián … y tú que habías dicho que no volverías a subirte a uno de esos … a morir por Dios … y a volar …

Y luego la aduana mexicana y todo lo que se mueve a su alrededor … y lo que sigue moviéndose una vez la cruzas …

 
Y al final lo que me da por pensar es qué clase de animal es el ser humano … la ley de la selva es clara: el más fuerte gana, sobrevive y manda … pero en las junglas humanas … no veo yo que sea el más fuerte, ni el más inteligente, ni mucho menos el mejor quien manda … ¿qué clase de selección nos asiste? ¿en base a qué se asciende en las pirámides de mando a nivel político, empresarial, social …? Quizá, sólo quizá, esté ahí el problema … los mecanismos que facilitan y entorpecen la llegada o no al poder, ni tan siquiera en nuestra venerada democracia, parece que estén resultando bien …
Aunque no me hagáis mucho caso … que está una ya cansada a estas alturas del curso escolar y a mi mente, cuando se siente cansada, de siempre le ha dado por divagar …

 

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